Parece que gana, pero Israel pierde

Columna
El Periódico, 02.08.2026
Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España

Me imagino a Bibi Netanyahu como un pájaro de mal agüero que susurra al oído de quién tiene la cabeza a pájaros. Esta semana ha ido a Washington mientras sus desacuerdos crecen desde el inicio de la guerra con Irán, donde Bibi embarcó a Donald sin conseguir ninguno de los objetivos propuestos: el régimen iraní sigue vivo, no han destruido sus misiles, y tampoco han acabado con su apoyo a Hamás, a Hezbolá, a las milicias chiítas de Irak y a los hutíes de Yemen. Además, está cerrado el estrecho de Ormuz y Trump parece haber perdido interés en la negociación del dossier nuclear.

La gran ironía es que lo mejor que cabe esperar de esa negociación nuclear, si finalmente se produce, será algo muy parecido, pero peor, que lo que hizo Obama en 2015 y que si Trump no hubiera denunciado nos habría ahorrado las bombas de hoy. Y algo parecido ocurre en Ormuz, donde el objetivo es volver a la situación que había antes del inicio del conflicto. Si hay guerras estúpidas, esta se lleva la palma. La prioridad de Netanyahu es acabar con la amenaza nuclear de Irán porque tiene elecciones el 27 de octubre y solo el 33% desea hoy su continuidad, y la prioridad de Trump es reabrir Ormuz porque también se aproximan sus elecciones de mitad de mandato y puede perder el control de la Cámara y complicarse mucho la gobernabilidad. Mientras, sigue tonteando -no se sabe si en serio o en broma- con la idea de presentarse a un tercer mandato (!), como quedó en evidencia durante la reciente cena con los corresponsales de la Casa Blanca.

Hay un distanciamiento creciente entre Estados Unidos e Israel que comenzó hace años, cuando Netanyahu se dirigió al Capitolio para criticar muy poco diplomáticamente a su anfitrión, el presidente Obama, porque negociaba un acuerdo nuclear con Irán. Aquello molestó a los Demócratas y puso fin a lo que hasta ese momento había sido un respaldo bipartisano a Israel.

El posterior apoyo indisimulado de Netanyahu a Trump le enajenó definitivamente las simpatías del partido Demócrata, que no ha reconquistado, sino todo lo contrario, con su desproporcionada respuesta a las barbaridades de Hamás en Gaza. Hace unos días, 40 senadores Demócratas se opusieron a una venta de armas a Israel, algo impensable antes. Y ahora la guerra de Irán también le ha enajenado a importantes personajes del movimiento MAGA, que son Republicanos contrarios a meterse en guerras. Además, Israel está cogido en una trampa, porque Teherán exige que un alto el fuego en Ormuz abarque también al Líbano y si Netanyahu sigue bombardeándolo se le acusará de boicotear la tregua (en un alarde de refinamiento intelectual, Trump le ha llamado “puto loco”) y si no lo hace, sus socios extremistas y la oposición le acusarán de debilidad y de someterse a los dictados de Washington. Nunca gana.

Gracias al apoyo de EEUU, el Estado judío se ha convertido en el país más poderoso de la región, pero ha perdido apoyos en Washington mientras que también se ha deteriorado su imagen en el mundo

Otro asunto en el que Donald y Bibi no están de acuerdo es el reciente acuerdo nuclear entre EEUU y Arabia Saudita, que Israel rechaza, aunque la exigencia de última hora de Trump de que Riad se incorpore a los Acuerdos Abraham y establezca relaciones diplomáticas con Israel ha tranquilizado algo a Netanyahu, porque sabe que los sauditas no pueden aceptar esa condición si él no abre una vía para la creación de un Estado palestino... y eso el israelí nunca lo hará, pues ha consagrado toda su vida a impedirlo.

Como Obama y Biden, Trump está deseando desengancharse de las guerras impopulares de Oriente Medio para dedicarse a China (también quiere retirar fuerzas de Europa) mientras constata que sus intereses y los de Israel no son los mismos, algo que también algunos norteamericanos avispados comienzan a percibir. Gracias al apoyo de EEUU Israel se ha convertido en el país más poderoso de la región, pero ha perdido apoyos en Washington mientras que también se ha deteriorado muchísimo su imagen en el mundo, con acusaciones de crímenes de guerra en Gaza (también de los colonos en Cisjordania) e incluso acusaciones de genocidio ante el Tribunal Internacional de Justicia. El resultado es que Israel es más poderoso que nunca, pero está más solo que antes y eso es muy mala noticia. Por eso Bibi ha ido a Washington, a comerle la oreja a Donald, que ya sabemos que se deja influir por el último con el que habla, mientras arrecia la guerra de Irán.

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