Columna El País Chile, 11.08.2026: Paulo Pacheco, embajador de Brasil en Chile
- Una América del Sur más integrada, más resiliente y capaz de generar prosperidad para sus ciudadanos depende, en buena medida, de asociaciones estratégicas
El pasado 4 de agosto, Brasilia fue escenario de la VII Comisión Binacional Brasil–Chile, encabezada por los ministros de Relaciones Exteriores de ambos países. El encuentro confirmó el excelente momento que atraviesa la relación bilateral y permitió avanzar en una agenda amplia de cooperación política, económica y técnica. Brasil y Chile siguen como socios estratégicos y apuntan para más iniciativas de cooperación y desarrollo.
La reunión tuvo lugar en un contexto internacional particularmente complejo. En distintos puntos de la región, las tensiones diplomáticas, la creciente polarización política y la proximidad de procesos electorales han alimentado la percepción de que las relaciones entre los Estados dependen, cada vez más, de la afinidad ideológica entre sus gobiernos. En ese escenario, la experiencia de Brasil y Chile ofrece una lección distinta.
Nuestros países han demostrado que las asociaciones estratégicas se construyen sobre intereses permanentes. Las democracias, por definición, producen alternancias. La responsabilidad de la política exterior consiste precisamente en preservar aquellos vínculos que responden a objetivos nacionales de largo plazo y que benefician a nuestras sociedades con independencia de los ciclos políticos.
Durante las últimas décadas, ambos países han sabido ampliar de manera sostenida los espacios de cooperación. Hoy compartimos una agenda que abarca comercio, infraestructura, conectividad física, minería, energía, transición energética, ciencia, innovación, tecnología, defensa, agricultura, ciberseguridad y logística. Se trata de una relación densa y diversificada, construida sobre instituciones sólidas, canales permanentes de diálogo y una confianza política.
Las palabras pronunciadas en Brasilia por el ministro Francisco Pérez Mackenna reflejan con claridad esa visión, al afirmar que Brasil y Chile son “socios estratégicos” comprometidos con generar más seguridad, más desarrollo y mayores oportunidades para sus ciudadanos. Brasil comparte plenamente esa convicción. La cooperación bilateral no constituye un objetivo en sí mismo; sino un instrumento para mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos y fortalecer la competitividad de nuestras economías.
Ese espíritu de confianza encuentra una expresión muy concreta en el ámbito económico. Al día siguiente de la Comisión Binacional, el canciller chileno fue recibido por la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (FIESP), principal organización empresarial de Brasil, donde sostuvo un encuentro con inversionistas y representantes del sector productivo interesados en ampliar los vínculos económicos con Chile. Brasil es el tercer principal socio comercial de Chile y una de las principales fuentes de inversión extranjera en el país. Chile, por su parte, constituye para Brasil un socio estratégico en el Pacífico y un puente privilegiado hacia los mercados asiáticos. La complementariedad entre ambas economías abre oportunidades que hace apenas algunos años parecían difíciles de imaginar.
La profundización de la integración física y comercial constituye, precisamente, uno de los pilares de esta nueva etapa de la relación bilateral. Proyectos como el Corredor Bioceánico Vial, la modernización de la infraestructura logística y el fortalecimiento de las cadenas regionales de valor buscan intensificar los flujos de comercio, inversión y personas entre el Atlántico y el Pacífico. En un contexto internacional caracterizado por disrupciones en las cadenas globales de suministro, tensiones geopolíticas y crecientes incertidumbres económicas, una mayor conectividad regional deja de ser únicamente un objetivo de desarrollo para convertirse también en un instrumento de resiliencia.
La convergencia entre Brasil y Chile también se manifiesta en materia de defensa y seguridad. Ambos países comparten el interés por fortalecer capacidades estratégicas, ampliar la cooperación entre sus Fuerzas Armadas y desarrollar una base industrial de defensa más integrada y sofisticada. El interés chileno por el KC-390 Millennium —una de las aeronaves de transporte militar más avanzadas de su categoría, capaz de operar incluso en la Antártida— ilustra el alto nivel tecnológico alcanzado por la industria de defensa sudamericana. Chile, por su parte, ha avanzado significativamente en el fortalecimiento de sus propias capacidades industriales, como demuestra el desarrollo de nuevas construcciones navales por parte de la empresa de Astilleros y Maestranzas de la Armada (ASMAR). En ese contexto, la cooperación entre las industrias de defensa de ambos países no solo fortalece la seguridad regional, sino que también impulsa innovación, empleo calificado y autonomía tecnológica.
En una época en que la política internacional parece caracterizarse por la confrontación, la estridencia y por la geopolítica de las esferas de influencia, Brasil y Chile ofrecen un ejemplo distinto. Han demostrado que es posible construir una relación estratégica basada en el respeto institucional, el pragmatismo y la búsqueda paciente de objetivos comunes. Esa estabilidad no beneficia únicamente a nuestros dos países, pero toda nuestra región. Porque una América del Sur más integrada, más resiliente y capaz de generar prosperidad para sus ciudadanos depende, en buena medida, de asociaciones estratégicas como la que Brasil y Chile han sabido construir.

