El falso mito de la Unión Soviética, Parte I: «Esqueletos en el armario»

Columna
El Líbero, 27.08.2022
Pablo Paniagua, investigador senior de la Fundación para el Progreso.
¿Se puede tener un sistema de planificación central que no termine destruyendo nuestras libertades y matando a los ciudadanos?

Esta semana en Europa se acaba de celebrar el Día del Listón Negro (Black Ribbon Day), conocido oficialmente como el Día Europeo de Conmemoración de las Víctimas del Comunismo y el Nazismo. Este es un día de conmemoración de las víctimas de todos los regímenes totalitarios y autoritarios como el comunismo, el socialismo dirigido por el Estado y el nazismo. Este día también debería ser un día de reflexión para recordar —una vez más— los severos límites respecto a aquello que los seres humanos podemos diseñar conscientemente y los peligros mortales que generan todas aquellas utopías socioeconómicas que no se basan en un pensamiento económico, político y filosófico responsable como el marxismo, el nazismo, los nacionalismos y el socialismo de planificación central. Como diría el gran filósofo liberal Karl Popper: “Aquellos que nos prometen el paraíso en la tierra nunca produjeron más que un infierno”.

Con todo, y a pesar de que el Muro de Berlín ya se derrumbó hace más de 20 años y a que con el Black Ribbon Day hoy es reconocido por casi todo el mundo que el experimento socialista de la Unión Soviética fue un fracaso rotundo —tanto en bienestar material como en libertades sustantivas—, sigue habiendo muchos mitos y falsedades en torno al Estado federal de repúblicas socialistas que existió entre 1922 y 1991. Por ejemplo, es muy recurrente oír mitos como la supuesta idea de que la Unión Soviética habría sido una gran maquinaria de creación de bienestar y de crecimiento económico. En este pequeño ensayo trataré de refutar esta idea con un poco de evidencia histórica y con un poco de economía política.

Este ensayo lo dividiré en pequeñas partes para que sea de más fácil lectura. En particular, voy a criticar este mito del bienestar de la Unión Soviética bajo cuatro puntos cardinales: 1) la cantidad de muertos que produjo (no asociados directamente a la guerra) y el número asesinados políticos que persiguió el régimen (lo que nos conduce a la pregunta político-ética si se puede tener un sistema de planificación central que no termine destruyendo nuestras libertades y matando ciudadanos), 2) el mito de los datos macroeconómicos de la URSS y como estos no se relacionan con creación de bienestar, 3) la falta de generación de innovación y de creación de valor en el sistema planificado y 4) el mito del Estado de Bienestar que abría establecido la URSS. En esta primera parte nos enfocaremos solo en los «esqueletos en el armario» de la URSS, dejando los aspectos económicos para la segunda parte de este ensayo.

 

Los muertos.

El primer punto importante a entender es el profundo sistema totalitario y liberticida que establecieron los líderes Comunistas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), entre los años 1922-1991, en el cual una de las manifestaciones más evidentes de dicho totalitarismo fue la fuerte represión política, la eliminación de toda disidencia (se eliminaban a todos aquellos que pensaban distinto) y la gran cantidad de muertos ‘políticos’ producto de dicha represión o muertos producto de malas decisiones de economía política. Veamos los números paso por paso y vayamos sumando el proceso de devastación para ir desmitificando a este régimen socialista.

 

Lenin, Trotsky y el inicio del Terror Rojo (1918-1922):

El Terror Rojo fue una de las primeras campañas de represión política y ejecuciones llevada a cabo por los bolcheviques (principalmente ejecutada a través de la policía secreta bolchevique conocida como la Cheka, que dicho sea de paso era tan eficiente en su represión que sirvió de modelo para la Gestapo de los Nazis y el jefe de la Gestapo, Heinrich Müller, era un ávido admirador de los métodos de la Checka), con el objetivo de eliminar la disidencia política y así asegurar el monopolio del poder político. Dicho período de ejecuciones comenzó a finales de agosto de 1918, después del comienzo de la Guerra Civil Rusa y duró hasta 1922. Con respecto al número de asesinados políticos, las estimaciones para todo el período (1918-1922) van desde un mínimo de 100.000, hasta un máximo de 200.000 ejecutados. Las estimaciones más confiables del número de ejecuciones en total se sitúan en torno a las 100.000 personas. Varios historiadores del periodo incluso sitúan el número de ejecuciones en unas 250.000 personas (ver aquí). Ante toda esta barbarie, Lenin parecía imperturbable por los asesinatos. Incluso el 12 de enero de 1920, al dirigirse a los líderes sindicales, dijo: «No dudamos en fusilar a miles de personas, y no dudaremos, y salvaremos el país».

Bajo la dirección de Lenin, la Cheka realizó arrestos masivos, encarcelamientos, torturas y ejecuciones sin un debido juicio. Entre las víctimas del Terror Rojo se encontraban zaristas, liberales, socialistas no bolcheviques, miembros del clero, contrarrevolucionarios y otros disidentes políticos. Posteriormente incluso hasta los trabajadores industriales que no cumplieron con las cuotas de producción también fueron atacados por la Cheka. En 1921, las Tropas para la Defensa Interna de la República (una rama de la Cheka) ayudaron a establecer formas de campos de concentración (que eran los campos de trabajo forzado) y dirigieron el sistema Gulag. Sin duda este periodo (1891-1924) puede ser llamado, como lo denomina el historiador Orlando Figes, como «La Tragedia del Pueblo«.

 

La Hambruna rusa de 1921-1922:

A todas estas muertes políticas de Lenin y compañía, tenemos que agregar todas aquellas personas que perecieron en la hambruna rusa de 1921-1922, también conocida como la hambruna de Povolzhye. Esta fue una hambruna severa en la (URSS) que comenzó a principios de la primavera de 1921 y duró hasta 1922. La hambruna fue el resultado de los efectos combinados de la perturbación económica debido a la Revolución Rusa y la trágica política del comunismo de guerra que expropiaba la producción de alimento de los campesinos (especialmente la prodrazvyorstka). Por todos estos motivos, debemos reconocer que esta hambruna de 1921-1922, bajo el gobierno Lenin, es completamente atribuible al sistema Soviético y a sus políticas. De hecho, esta hambruna condujo directamente a la introducción de la Nueva Política Económica (NEP) por parte de Lenin, que reintrodujo elementos del capitalismo y el libre comercio en la economía soviética, lo que permitió a los agricultores vender parte de sus productos de forma privada, en lugar de utilizar únicamente los mecanismos centralizados del Estado (¿será entonces Lenin el primer neoliberal al utilizar mecanismos de mercado?). Con todo, una publicación soviética oficial de principios de la década de 1920 concluyó que en 1921 ocurrieron alrededor de cinco millones de muertes por hambruna y enfermedades relacionadas: este número se usa en todos los libros de texto.

Durante de la prodrazvyorstka, el decreto de Lenin del 9 de mayo de 1918 introdujo el concepto de «dictadura de la producción». Este y otros decretos posteriores ordenaron la confiscación forzosa de víveres, sin limitación alguna, despojando a los agricultores de sus alimentos. Esta estrategia a menudo condujo a la muerte de muchas personas que vivían en el campo. Estas políticas de la URSS generaron la hambruna que mató a unos 5 millones de personas, afectando principalmente a las regiones de los ríos Volga y Ural, en la cual los campesinos terminaron por recurrir al canibalismo. Como estableciera el reporte de las Ligas de las Naciones de 1922: «La hambruna rusa de 1921-1922 es la peor, tanto en lo que respecta al número de afectados como a la mortalidad por inanición y enfermedad, que ha ocurrido en Europa en los tiempos modernos». Es interesante mencionar además que la literatura económica reconoce que ahí donde ha habido democracia liberal, en dichos países las hambrunas nunca han existido, mientras que las hambrunas ‘selectivas’ o ‘políticas’ parecieran siempre surgir en sistemas socialistas o autoritarios (ver aquí).

 

Stalin y la política de la represión:

Siguiendo los pasos de Lenin, que murió en 1924, el líder Soviético Joseph Stalin, se convirtió en el líder político que dirigió a la Unión Soviética desde 1922 hasta su muerte en 1953. Con todo, y después de la disolución de la Unión Soviética, se desclasificó la evidencia de los archivos soviéticos y se permitió a los investigadores estudiarla. Este contenía registros oficiales de 799.455 ejecuciones (1921-1953), alrededor de 1,7 millones de muertes en el Gulag, unas 390.000 muertes durante el reasentamiento forzado de dekulakización (parte del brutal sistema penal de Stalin) y hasta 450.000 muertes de personas deportadas durante la década de 1940; todo esto con un total oficial de los mismos Rusos Soviéticos de alrededor de 3,5 millones de víctimas registradas oficialmente en estas categorías.

A todo esto, tenemos que agregarle el brutal evento de La Gran Purga o el Gran Terror, también conocido como el Año del 37’, la cual fue una campaña de Joseph Stalin para solidificar su poder sobre el partido y el Estado; las purgas también fueron diseñadas para eliminar la influencia restante de León Trotsky, así como de otros rivales políticos prominentes dentro del partido. La Gran Purga ocurrió desde agosto de 1936 hasta marzo de 1938. La estimación total de muertes provocadas por la represión soviética durante la Gran Purga oscila entre 950.000 y 1,2 millones, que incluye ejecuciones, muertes en detención y aquellos que murieron poco después de ser liberados del Gulag, como resultado del trato que recibieron.

 

Las hambrunas bajo Stalin:

Al igual que lo ocurrido bajo Lenin, la URSS bajo Stalin se vio afectada por severas hambrunas que produjeron millones de muertos adicionales. Una de ellas fue la hambruna soviética de 1930-1934, que fue, paradojalmente, una hambruna en las principales áreas productoras de cereales de la Unión Soviética, incluidas Ucrania y el norte del Cáucaso. Se estima que entre 5,7 y 8,7 millones de personas perdieron la vida en este ciclo de hambrunas (ver estudios aquí y aquí) Los campesinos más ricos y propietarios de tierras fueron etiquetados como kulaks y los bolcheviques los trataron como enemigos de clase, lo que culminó en una campaña soviética de represión política, que incluyó arrestos, deportaciones y ejecuciones de un gran número de los campesinos más acomodados y sus familias. Joseph Stalin y otros miembros del partido habían ordenado que los kulaks fueran «liquidados como clase» y se convirtieron en un objetivo a destruir por parte del Estado Soviético.

Los principales factores que contribuyeron a esta hambruna incluyen la colectivización forzada de la agricultura en la Unión Soviética, la adquisición forzosa de granos por parte del Estado (expropiación de alimentos a campesinos), combinada con una forzada industrialización y una mano de obra agrícola en disminución. Un estudio económico reciente señala que «las políticas de colectivización de la agricultura y falta de industrias favorecidas aumentaron significativamente la mortalidad por hambruna; la colectivización explica hasta el 52 por ciento del exceso de muertes«.

Dentro de estos procesos de hambruna, quizás el más conocido y trágico a nivel mundial es el llamado Holodomor (1932-1933). También conocida como el Terror-Hambruna o la Gran Hambruna; la cual fue una hambruna provocada (hecha por el hombre no por la naturaleza) en la Ucrania soviética de 1932 a 1933 que mató a millones de ucranianos. El Holodomor fue parte de la hambruna soviética más amplia del ciclo 1930-1934 (ver arriba) que afectó a las principales áreas productoras de cereales del país. Si bien los académicos están de acuerdo en que la causa de la hambruna fue provocada por el hombre, sigue en disputa si el Holodomor constituye o no un genocidio. Algunos historiadores concluyen que la hambruna fue planeada y exacerbada por Joseph Stalin para eliminar un movimiento independentista ucraniano. Otros sugieren que la hambruna surgió más bien por el desastre de economía política de la URSS al instaurar un proceso de colectivización y planificación de la agricultura que destruía los incentivos para producir grano.

Un reciente estudio económico y estadístico señala que hay evidencia que sugiere un genocidio político deliberado, al haber «evidencia sólida de que la mayor mortalidad por hambruna en Ucrania fue el resultado de la política [de Stalin], y evidencia sugerente sobre los impulsores político-económicos de la represión. Un cálculo sugiere que el sesgo contra los ucranianos explica hasta el 77 % de las muertes por hambruna en las tres repúblicas de Rusia, Ucrania y Bielorrusia y hasta el 92 % en Ucrania». Todo esto sugiere que el Holodomor fue deliberadamente creado por Stalin y la URSS para atacar y reprimir a ciertos grupos étnicos por motivos políticos.

 

Suma final

No hay necesidad de seguir torturando al lector con respecto a las innumerables muertes que deliberadamente produjo la Unión Soviética por motivos políticos, ideológicos y autoritarios. Aquí nos hemos concentrado solo en aquellas muertes que podrían ser atribuibles directamente al sistema socialista de la URSS, por motivos económicos (malas políticas públicas, expropiación, mal sistema de incentivos, etc.) y por motivos políticos (represión política, reprimir disidencia, sesgos étnicos, etc.), por lo que no se han considerado muertes por motivos de guerra como durante la Segunda Guerra Mundial, etc.

En síntesis, los números de muertos por dichos motivos y ocasionados por la URSS oscilan entre los 10 millones de muertos y los 18 millones aproximadamente (aunque debemos reconocer que jamás sabremos con exactitud la magnitud del daño y muerte que ocasionó la Unión Soviética). Este cálculo se puede ver en la figura abajo:

Mis estimaciones son consistentes con la nueva revisión del 2007 del famoso libro The Great Terror, en donde el historiador Robert Conquest estima que, si bien las cifras exactas nunca serán seguras, los líderes comunistas de la Unión Soviética fueron responsables de no menos de 15 millones de muertes, contando solo aquellas muertes ocurridas bajo el régimen de Stalin; por lo que, si añadimos las estimaciones de las muertes bajo Lenin, llegamos aproximadamente a 18-20 millones (que de paso es parecida a la estimación de Alexander Yakovlev quien estima 20-25 millones de muertos durante todo el período del gobierno soviético).

 

Reflexiones respecto a la planificación central

Para finalizar, debemos hacer la reflexión político-ética de si se puede tener un sistema de planificación central que no termine destruyendo nuestras libertades y matando a los ciudadanos. Esta pregunta de seguro no está resuelta, ya que depende de muchos factores y del contexto político internacional (la presión extranjera y de la prensa puede afectar), pero a mi parecer, y siguiendo las ideas de F.A. Hayek en Camino de Servidumbre, un sistema de planificación central siempre terminará siendo liberticida y atentará, de una forma u otra, contras las libertades de los ciudadanos y sus vidas (ver mi reflexión aquí). Es posible que un sistema de planificación central se pueda instaurar sin generar ‘tantas muertes’ como lo hizo la URSS, sobretodo si se establece sobre un sistema capitalista que ya ha producido bienestar, alimento y una amplia red de producción agrícola.

Pero creo que, en el largo plazo, el riesgo siempre está de que la planificación central produzca muchos muertos por tres motivos: 1) la planificación central implica la monopolización del Estado y del poder político, lo que implica el uso de la violencia para aplastar a disidentes y contrarrevolucionarios, con el objetivo de preservar el poder (la única forma de mantener la planificación central es acabando con aquellos que piensan distinto a dicho plan); 2) la monopolización del poder político y económico lleva a la destrucción del Estado de Derecho y de la democracia representativa, y ahí donde no hay democracia liberal aumentan las posibilidades de que hayan hambrunas y muertos (ver el trabajo del Nobel Amartya Sen al respecto); este punto es importante porque la planificación central (para funcionar) requiere de no tener contrapesos, ni políticos ni económicos y, por consecuencia, termina por desbaratar los sistemas de contrapesos de un sistema liberal, al eliminar la fragmentación del poder político y también económico. Esta concentración de poder sin contrapesos aumenta el riesgo de que, cuando llegue alguien despiadado como Stalin al poder, lo pueda utilizar de forma que atente contra la vida y la dignidad de algunos ciudadanos o minorías disidentes (como en el caso de los ucranianos). La planificación central de la economía puede ser utilizada como palanca política y de represión a través de la hambruna como lo ocurrido en Holodomor.  Finalmente, 3) la planificación central implica siempre una redirección política y antojadiza de recursos económicos que puede afectar la producción de alimentos. Esto es precisamente lo que ocurrió en la URSS: los líderes Comunistas favorecieron el re-direccionamiento de recursos en favor de una industrialización acelerada y la producción de elementos de guerra en desmedro de la producción de alimento para algunos sectores de la población. En simple, entre cañones o mantequilla, los socialistas rusos prefirieron lo primero en desmedro del pueblo, mientras que las sociedades liberales capitalistas resuelven este dilema a través de los mecanismos de mercado y los contrapesos de la democracia representativa. Lamentablemente como no hay democracia, ni sistema de precios eficiente, bajo una planificación central, dichas personas se convertían en invisibles ya que no tenían voz ni fuerza política para poder re-direccionar los recursos alimenticios y económicos hacia donde había una necesidad vital. El resultado de todo esto, bajo la planificación central, es siempre la muerte de la democracia representativa y, de consecuencia, la muerte de las personas por inanición en mayor o menor medida.

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