Columna El Mercurio de Valparaíso, 14.06.2026 Demetrio Infante Figueroa, embajador ®
Hace una semana los peruanos fueron convocados para elegir un nuevo presidente de la República, quien deberá asumir funciones el próximo 28 de julio. Los dos candidatos por los cuales se podía votar en esta segunda vuelta eran Keiko Fujimori y Roberto Sánchez.
Cabe destacar que en la primera vuelta hubo 35 postulantes, lo que da una buena idea de la complejidad del cuadro político del país. Los resultados de la segunda vuelta han variado por escaso margen durante toda esta semana. Hay días en que se señala que ella está arriba por un pequeño margen y al día siguiente la cosa es a la inversa. Al escribir estas líneas Keiko estaría ganando muy estrechamente. Pero gane quien gane en el primer conteo, el resultado definitivo no se sabrá hasta unos cuantos días más ya que hay un numero sustantivo de actas electorales que han sido objetadas por los candidatos y que el organismo nacional encargado de la elección deberá resolver. Hasta este instante la diferencia entre ambos postulantes es tan pequeña que la definición última se demorará varios días más. Hay expertos que indican que incluso se produciría entrado el mes de julio.
Una palabra para hacer una comparación con Chile. Estamos acostumbrados a que el mismo día de una elección presidencial, alrededor de las 23 horas, el candidato derrotado visite al ganador como una manera de reconocer ante el país y el mundo la decisión de los votantes. Es una de las tantas cosas que los chilenos no valoramos en la forma que deberíamos. La verdad es que en eso somos un ejemplo para todas las naciones y los organismos encargados de nuestros comicios son merecedores de la gratitud nacional.
Antes de entrar en el tema mismo debo hacer presente que tengo un cariño muy grande por el vecino del norte, por lo que estas líneas carecen de toda odiosidad. En mi carrera profesional me correspondió - con 39 años - el alto honor de quedarme por dos años a cargo de la Embajada en Lima en el momento más tenso de las relaciones bilaterales en el siglo XX. Perú había declarado persona non grata al Embajador de Chile y nos encontrábamos casi en guerra con Argentina. La reacción peruana ante este último posible conflicto resultaba fundamental para los intereses chileno. Dejé allí grandes amistades, las que conservo hasta hoy. Por último, en Lima tuve la infinita alegría de recibir al más joven de mis hijos.
El brillante escritor Mario Vargas Llosa, en su novela Confesiones en la Catedral, creó una frase que ha pasado a ser parte de aquel país: "cuándo se jodío el Perú". Con todo respeto para el Nobel de literatura, a quien tuve la suerte de conocer bien en mis años limeños y de quien me separa una infinita distancia en lo que a calidad de escritura se refiere, me atrevo a no hacer una pregunta al respecto, sino formular una aseveración: "El Perú nació políticamente jodido". Para sostener esta expresión seré por razones de espacio muy esquemático.
1.-Durante la Colonia, el Virreinato del Perú fue la joya más brillante de la corona. No solo proporcionaba cantidades muy sustantivas de oro, plata y otros minerales, sino que la variedad existente entre los territorios de la costa, la sierra y la selva daba a España grandes riquezas. Se acuño el dicho "esto vale un Perú". Lo anterior hizo que en Lima se formara una sociedad elitista donde unos pocos manejaban lo político y lo económico. En 1821 se inició el proceso de independencia de la Corona. Este fue más bien dirigido por los militares mientras los civiles continuaban gozando de las riquezas del país y de la abundancia de la mano de obra barata de que disponían. Con el tiempo hubo civiles que por medio de elecciones llegaron a la jefatura del Estado, pero la gran mayoría de ellos fueron destituidos por miliares, quienes ejercían férreas y latas dictaduras. Baste mencionar que cuando el presidente Belaúnde, el 28 de julio de 1985, entregó ante el Congreso de la República la banda presidencial a Alan García, fue el segundo jefe de Estado en toda la historia peruana que pudo llevar a cabo ese acto. O sea, había pasado más de un siglo y medio desde la declaración de independencia. Todo el resto de los elegidos previamente habían sido depuestos por golpes militares.
2.- Estimo que la razón fundamental de lo indicado radica en la imposibilidad de los civiles de formar partidos políticos que fueran más allá de la persona de su caudillo fundador. Incluso se identificaban con el apellido de aquél. La excepción fue el APRA, fundada por Víctor Raúl Haya de la Torre en la ciudad de Trujillo, coalición que permaneció por años y fue un actor determinante en la vida institucional del vecino del norte. La elección que llevó por primera vez al Palacio Pizarro a Fernando Belaúnde en 1963 fue celebrada como repetición de una inmediatamente anterior, la que había sido ganada por Haya de la Torre, pero anulada por los militares. Un incidente entre oficiales de Ejército y apristas habido en Trujillo en 1932 había sellado la enemistad entre los uniformados y el APRA. Haya, pese a ser el político civil más importantes del siglo XX, nunca pudo llegar al Palacio Pizarro.
3.- Pero muerto Haya el APRA empezó su decaimiento y pese a haber elegido dos veces a Alan García como jefe de Estado, en la práctica desapareció del esquema político del país, el que fue sellado con el suicidio de aquél. Después de la presidencia del General Morales Bérmudez, 1980, los militares se han retirado de la esfera política, pero los civiles no han sabido corresponder a la oportunidad que se les presentaba. Cometieron el error fundamental de crear un parlamento de Cámara única - mismo sistema que deseó implantar en Chile el proyecto de Constitución del expresidente Boric - lo que ha permitido que una minoría de caciques provinciales puedan juntar a sus huestes y aprobar en el Congreso la remoción del jefe de Estado. En los últimos diez años el país ha tenido ocho presidentes, sin que haya mediado golpe militar alguno. Cabe indicar que todos los últimos jefes de Estado han terminado en la cárcel o suicidado.
4.- Los sucesivos habitantes del Palacio Pizarro han mantenido sus manos fuera de dos áreas importantes: la economía y la diplomacia. Ello ha permitido al Perú crear un ambiente sólido para la inversión que muestra cifras muy positivas y un quehacer exterior que obedece a la tradición que con los años ha formado la cancillería de Torre Tagle. Pero en lo político, como se infiere de lo indicado antes, la inestabilidad ha sido la tónica.
5.- Ahora nos encontramos ante la posibilidad de la señora Fujimori y del señor Sánchez. La primera sigue la tónica histórica: su movimiento obedece al fujimorismo, es decir, al legado de una persona que fue electa dos veces presidente, que fue acusada por múltiples delitos y que pasó muchos años de su vida en la cárcel. El segundo, a quien se califica como un izquierdista, curiosamente es el heredero político del expresidente Pedro Castillo, un maestro sindicalista que terminó su aventura política de la peor manera. Después de ser electo en el año 2021, al año y medio de gobierno fue acusado y destituido por la cámara única. Cuando vio cerca el final de su experiencia política, pretendió dar un auto golpe de estado. Ante el fracaso de ello quiso asilarse en la Embajada de Mexico en Lima, lo que no consiguió. Fue apresado y término en la cárcel. Cuesta creer que un político con ese reciente currículum pueda ser inspirador para casi el 50% de los votantes. Sánchez para identificarse más con Castillo usa el mismo particular sombrero de este.
Reitero, cuando escribo estas líneas no es posible aun saber quién ganará. Sólo cabe esperar que la decisión de los peruanos sea la mejor para su país. Estimo que la reinstalación del Senado como parte del poder legislativo y actor político de primera línea, puede darle al país la estabilidad política que necesita con urgencia.
Los chilenos deseamos que a Perú le vaya bien y, en lo personal, hago votos para que así sea. Pero es indispensable para la mantención del orden constitucional del país que se cree una mentalidad nueva que respete las instituciones más allá de las pretensiones de una persona o de un grupo determinado. Los peruanos, como nación, requieren darles a las nuevas generaciones un marco político que garantice esa estabilidad, el que no se ha creado hasta hoy día.

