¿Hasta cuándo Ahumada?

Columna
El Líbero, 14.09.2022
José Francisco Lagos, director ejecutivo (Instituto Res Publica)
Culpar a mandos medios no va a solucionar el problema, que está justamente en la cabeza del gobierno. Si en esto el presidente no cambia de posición, poco importaría un cambio de subsecretario

Los últimos días el gobierno ha tomado distancia de su postura inicial de no avanzar con el TPP-11, presumiblemente motivado por su derrota electoral en el plebiscito del pasado 4 de septiembre.

Sin embargo, ya han señalado que tenían reparos con una parte esencial del tratado que consiste en la posibilidad de que los inversionistas extranjeros cuenten con una instancia obligatoria para ambas partes para dirimir las controversias. Esta medida, más bien típica en los tratados internacionales, busca que los mismos no sean letra muerta, ni mera declaración de buenas intenciones, sino que sean exigibles sus disposiciones para las partes relacionadas.

Lo que busca evitar este tipo de normas es que un Estado abuse arbitrariamente de su poder, lesionando los derechos de los inversionistas, y que estos no cuenten con una institución imparcial para dirimir este tipo de controversias. Parece adecuada una medida de este tipo, conociendo los diversos conflictos que se han producido internacionalmente por estas materias. Finalmente, un tratado de libre comercio de esta envergadura lo que busca es atraer la inversión extranjera y no espantarla.

No es un mito que la posición del Frente Amplio y el Partido Comunista es una visión completamente escéptica del libre mercado. Eso los ha llevado a proponer medidas económicamente heterodoxas, como por ejemplo la fijación de precios o nacionalizar ciertos recursos naturales. Sin embargo, estas visiones que son propiamente sesenteras, abandonadas por los países desarrollados, pueden aún tener consecuencias negativas para los ciudadanos de nuestro país.

La inversión extranjera es absolutamente crucial para el desarrollo de los países, a pesar de que personas como Lautaro Carmona crean que no tiene relevancia. En todo el mundo se trabaja por este tipo de inversiones, en cambio en Chile pareciera que estamos en una situación tan ventajosa, que no requeriríamos preocuparnos por ella.

Los focos se han concentrado en el subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, José Miguel Ahumada, porque es reconocida su postura en contra del libre comercio, pero a mi juicio esas críticas son injustas. Son injustas porque el problema lo tiene quien decidió nombrarlo y lo ha reafirmado constantemente en su cargo: el presidente Gabriel Boric.

La postura en contra del TPP-11 no es solo de Ahumada, también es de Boric, y también es de Jackson. Culpar a mandos medios no va a solucionar el problema, que está justamente en la cabeza del gobierno. Si en esto el presidente no cambia de posición, poco importaría un cambio de subsecretario.

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