Columna El Líbero, 27.06.2026 Fernando Schmidt Ariztía, embajador ® y exsubsecretario de RREE
En algún lugar de la República Dominicana me sorprendió la noticia de la muerte del embajador Fernando Zegers. Imposible rendirle en persona un homenaje al que fue verdadero amigo y uno de los grandes diplomáticos que ha producido Chile. Durante años presidió nuestra delegación a las conferencias que culminaron en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), pilar del ordenamiento internacional en la materia. Presidió también el Instituto Antártico, la Dirección de Fronteras, la Academia Diplomática.
Gracias a sus esfuerzos y a los de otros juristas latinoamericanos el mundo aceptó la tesis de las 200 millas marinas de soberanía y jurisdicción económica (ZEE); defendió las líneas de base rectas para delimitar geografías costeras accidentadas; logró que los canales australes fueran considerados aguas interiores. Fernando asesoró al país en temas tan graves y diversos como la defensa de nuestros títulos durante la Mediación Papal, que desactivó el conflicto austral con Argentina; o ante la Corte Internacional de Justicia llamada a determinar el límite marítimo norte con Perú. No en vano el ex embajador de España, Antonio de Yturriaga, en su artículo “Contribución de Iberoamérica al Derecho del Mar” colocó su nombre entre los grandes delegados de la región que forjaron el derecho marítimo que hoy nos rige.
Fue ante todo un hombre de Fe arraigada, cultivada, profunda, informada, vivida. Un embajador consejero, sabio, alegre, culto, con un fino sentido del humor. Nos representó admirablemente en tierras tan distintas como Australia y España, Brasil y la Santa Sede, Nueva York y Kingston.
En esta isla dividida entre dos naciones en la que me encuentro, con la doliente Haití a unos cuantos kilómetros de aquí, el aporte de la CONVEMAR a su patrimonio fue enorme. República Dominicana, a pesar de demorar 27 años en ratificarla, se benefició de un estatus archipelágico que luego se dotó. Por su parte, Haití definió las reglas de su mar territorial y la ZEE frente a las ávidas potencias de su entorno, logró seguridades en la gestión de su biomasa marina y la declaración de aguas interiores del gigantesco Golfo de la Gonâve, donde se encuentra Puerto Príncipe, su castigada capital.
De poco le sirvió a la primera república independiente de las Américas las ventajas que le ofrecía la CONVEMAR, en cuya construcción Fernando participó activamente. Sus 1.500 kilómetros de costa han sido útiles para las comunidades ribereñas haitianas, pero no para levantar un sector económico de proyección mediata o futura. Sobre el total de la economía haitiana, la pesca representa apenas entre el 1,5 y 2% del PIB nacional, mientras importa millones de dólares en productos pesqueros de Canadá. Sin embargo, la pesca es tal vez uno de los sectores más sanos y promisorios que existen en aquel país, sumido hace tiempo en el horror.
El mismo día que estalló entre nosotros el caso de los niños haitianos, cuyos alcances reales están lejos de aclararse, el secretario general de la ONU (SG) visitó Puerto Príncipe para entrevistarse con sus frágiles autoridades y animar a las Fuerzas de Represión contra las Bandas (FRG) que actúan bajo mandato del Consejo de Seguridad. Al acabar su visita ofreció al mundo un panorama desolador, sin el cual no podrá entenderse jamás lo que nos pasa a los chilenos con respecto a Haití. La actitud nacional hacia el país caribeño reúne profundas y contradictorias sensibilidades.
Por un lado, se encuentran los genuinos sentimientos humanitarios, especialmente entre aquellos que sirvieron allí como voluntarios y forjaron un lazo afectivo con ese país. Ellos reciben la presión de millones por escapar del horror a cualquier precio. En ese sector están también los que anhelan buscar una solución americana al acosado país. Al lado opuesto, se encuentran los que explotan este estado anímico y lo transmiten a organizaciones desaprensivas, cuando no del crimen organizado, experto en lucrarse con el tráfico de personas. En ese mismo sector se encuentran los que se aprovechan de la ausencia allí de un Estado en forma. Hay un tercer segmento en nuestra sociedad que quiere frenar toda inmigración, pero que al mismo tiempo no sabría qué hacer sin la mano de obra que ofrecen los haitianos. Como si fuera poco, apareció en estos días un cuarto elemento: la laxitud y permisivismo burocrático, y el repentino descubrimiento (Contralora mediante) de que algunas de nuestras instituciones, que presumíamos casi modélicas, se coordinan entre sí con los estándares de un Estado fallido.
Al término de su gira, el secretario general señaló que la crisis humanitaria que se vive en Haití es la más grave del hemisferio occidental y en deterioro. Seis millones de personas necesitan ayuda alimentaria, dijo, un millón más que hace dos años. Por su parte, la ONU financia apenas una cuarta parte de estas necesidades. Un millón y medio ha debido abandonar sus hogares ante la violencia desatada por las bandas criminales.
En lo que va corrido de este año se registran más de 2.300 muertes a manos de estas pandillas (en Chile son 277, cifra que nos horroriza). Los grupos criminales están integrados en un 50% por niños que se suman a ellos por explotación, violencia, hambre. Aunque no se sabe realmente cuántos son sus integrantes, según las ONG la cifra se sitúa entre los 4 mil y 20 mil miembros. Viven del tráfico criminal, acceden al armamento extranjero y pagan el entrenamiento que necesitan.
Al otro lado, en palabras de António Guterres, si bien el mandato del Consejo de Seguridad establece el despliegue de 5.500 miembros de las FRG para desarmar y desmantelar a las mafias, este no se ha completado del todo y se requiere que los recursos se adapten al terreno. Hoy, el único país que ha respondido al llamado de la ONU es el destrozado Chad, uno de los 15 países más vulnerables del mundo, y se espera que lo hagan a futuro Kenia y otros tres pequeños países del Caribe. Como contrapunto positivo, el SG destacó que después de tres años pudo recuperarse el centro histórico de la capital y que el Consejo de Ministros se reunió nuevamente en el Palacio Presidencial. ¿Se necesita una imagen más gráfica que esta para describir la situación?
Sin embargo, lo que más le preocupa al secretario general es el olvido de Haití, la indiferencia mundial, la mirada para otro lado, el hastío. Destaca una relación directa entre inseguridad y cansancio de la comunidad internacional. Es cierto. Ese pobre país, a pesar de los esfuerzos que algunos hacen sigue rezagado, sin un acuerdo político interno estable, sumido en el caos.
No es de extrañar que millones quieran escapar de esta situación nada nueva. En 1937, el dominicano Freddy Prestol escribió su obra maestra “El río Masacre se pasa a pie”. El autor la mantuvo oculta hasta 1973, ya desaparecida la sombra de Trujillo. Allí se lee: “Haití venía de noche. Tenía el ladrón pies de seda. A veces de noche despertaba a algún colono. Al día siguiente en el camino se veía una cabeza. ¿De quién? Nadie preguntaba. Era la noche. Era Haití”.
Resultaría largo seguir con el tema para dilucidar qué debemos hacer. Vayan dos ideas peregrinas: ocupar el presupuesto destinado a sostener la embajada en Haití a capacitación de los que cruzan el río Masacre y asumir la representación diplomática allí en conjunto con otros países. Sin embargo, reconozco que me hace falta Fernando Zegers para ser más creativo.

