Columna El Periódico, 30.08.2026 Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España
- Todo son prisas para recuperar el tiempo perdido ante una poli crisis que es de seguridad, política, social, sanitaria y humanitaria al mismo tiempo
Un mes después el Gobierno se pone por fin las pilas y decide asumir la respuesta al caos que hay en Ceuta, desde la intolerable entrada de 80.000 marroquíes con la complaciente indiferencia o complicidad de Marruecos, una entrada que el mismo Pedro Sánchez calificó de ataque a nuestra soberanía e integridad territorial, la más grave jamás sufrida, añado yo, para luego inhibirse e irse de vacaciones mientras sus ministros hacían infructuosas visitas a la ciudad y dedicaban sonrojantes alabanzas a la cooperación de Rabat en materia de control migratorio.
Ha pasado un mes, miles de migrantes siguen vagando por las calles de Ceuta y nadie asume responsabilidad alguna. “Son cosas que ocurren”, dijo el ministro de Interior en un momento de inspiración y se quedó tan ancho. No, señor ministro, es inaceptable que eso ocurra.
Desde el primer momento quedó claro que la magnitud de lo ocurrido desbordaba la capacidad de reacción de una ciudad que veía cómo su población se duplicaba en pocas horas mientras el gobierno se resistía a asumir la dirección de la respuesta. Me avergüenza que haya tardado tres semanas en nombrar a un mando único para coordinar los esfuerzos de todos los implicados en hacer regresar la normalidad (todavía lejana) a Ceuta.
No entiendo que 30 días más tarde de la invasión no sepamos aún con seguridad cuántos migrantes entraron, cuántos regresaron y cuántos se han quedado, convirtiendo a Ceuta en un lugar saturado, sucio e inseguro. Los ceutíes están hartos, se sienten desamparados y tienen razón. La violencia que ha estallado los últimos días es la consecuencia indeseada e indeseable de esa situación. Deseo que el gobierno le pida al Rey Felipe que vaya a consolar a los ceutíes y a mostrarles la solidaridad del resto de España, como ya hizo en Valencia por la Dana y en la Andalucía asolada por el fuego, cuando también valencianos y andaluces lo pasaban mal.
No es aceptable que 30 días más tarde decenas de niños sigan deambulando desamparados sin padres que los reclamen, pues solo aparecerán cuando regularicen su situación y puedan solicitar la reunificación familiar. Tampoco es de recibo que miles de migrantes anden vagando por la ciudad sin techo y sin comida, sin literas ni letrinas, mientras se decide su destino. Me avergüenzan las imágenes de esa playa donde los inmigrantes levantan sus chabolas sin condiciones dignas de habitabilidad o de higiene. Ahora todo son prisas para recuperar el tiempo perdido ante una poli crisis que es de seguridad, política, social, sanitaria y humanitaria al mismo tiempo.
Me indigna la flojera del Gobierno con Marruecos. Parece que le tiene miedo por razones que se me escapan. Nos interesa llevarnos bien con Marruecos por muchas razones, pero, para bailar el tango, hacen falta dos y por las malas somos más fuertes: primer socio comercial y segundo inversor, interconexiones de electricidad y gas, las remesas de los inmigrantes en España suponen un punto del PIB marroquí, somos la puerta hacia Europa y contribuimos a configurar la política europea hacia Marruecos. ¿Qué tememos?
Me subleva el error diplomático y político que supone dejar el respeto de nuestra soberanía e integridad territorial a la buena voluntad de un país que lo que desea es arrebatarnos Ceuta y Melilla, como repetidamente recuerdan estos mismos días los ministros marroquíes de Justicia y Asuntos Islámicos, en presencia del mismo rey Mohamed VI, sin que nuestro ministro de Asuntos Exteriores pida explicaciones a la embajadora de Marruecos, como en su día se las pidió al de Italia por la desmesura de Meloni.
Está bien que el Gobierno anuncie algunas ayudas (necesarias) para paliar los efectos de lo ocurrido sobre el turismo y el comercio local, pero me indigna que llevemos cinco años de retraso desde que, en 2021, el gobierno anunció un paquete de medidas que pasaban por la elaboración de un plan de seguridad integral para Ceuta y Melilla, que también incluía insertarlas más en las instituciones europeas y que, desde entonces, duerme el sueño de los justos. Me indigna porque no se trata de subvencionar sino de defender y con 80.000 entradas ilegales en unas horas es evidente que eso no se ha hecho.
Me deja perplejo la ingenuidad de quienes, incluso en el Gobierno, quieren pensar que Marruecos es inocente cuando Rabat, aunque haya sido por omisión, ha tenido que ver en lo ocurrido un ensayo general de lo que desea que un día ocurra. Los 'hackers' de Jabaroot, que han publicado los nombres de hasta 70.000 espías marroquíes (me parecen demasiados), afirman haberlo hecho para desvelar la mano en los recientes acontecimientos de dos consejeros reales y del jefe de la DGST (servicio de inteligencia interior de Marruecos). Es una acusación muy grave que no se puede aceptar sin pruebas. De lo que no cabe duda es de que Rabat habrá tomado buena nota de nuestra respuesta floja y caótica. Para cuando le convenga y nos vuelva a ver débiles, como sin duda nos ve en este momento.
Y me repugna la discusión Gobierno-oposición sobre la acogida de los menores porque desvía el foco de lo realmente importante y porque con los menores no se juega. La diferencia de opiniones entre la ministra de Defensa y el ministro de Interior sobre el papel del CNI también desvía la atención de cuestiones más importantes. Y hay que recordarle al PP que no todo vale para desgastar al Gobierno, además de que en cuestiones de política exterior todo lo que no sea actuar juntos nos debilita ante un mundo que debe asistir perplejo a tanta incompetencia. Y, más aún, cuando lo que está en juego son cosas tan serias como nuestra soberanía y nuestra integridad territorial.

