Elecciones de mitad de período en Estados Unidos y su relación con la política exterior

Blog
El Internacionalista del Fin del Mundo, 23.08.2026
Juan Pablo Glasinovic Vernon, abogado (PUC), exdiplomático y columnista

En un mundo tan interdependiente, la política doméstica y la política exterior se entrecruzan frecuentemente. Esto es más evidente en las potencias, donde los temas de política exterior condicionan a los gobiernos e inciden en las elecciones (en el caso de los países democráticos), siendo en algunos casos determinantes.

Estados Unidos por su calidad de potencia principal ha estado particularmente inmerso en esta dinámica. En noviembre próximo se renovará completamente la cámara de representantes, un tercio del senado, así como numerosas gobernaciones y otras autoridades locales.

Los comicios de mitad de período de los mandatos presidenciales se han convertido en un referéndum sobre el desempeño gubernamental, particularmente a nivel legislativo. Tradicionalmente el presidente en ejercicio pierde escaños en ambas cámaras y en algunos casos su partido pierde el control de una o de ambas.

En ocasiones anteriores, la pérdida de la mayoría legislativa ha significado frenar y reorientar el rumbo original del presidente, cuando no entrar en una fase de simple administración, dependiendo del nivel de la derrota y de la actitud de la oposición.

Considerando la alta polarización existente en la sociedad estadounidense y otros factores como el rediseño de los distritos impulsados principalmente por los republicanos para aumentar sus posibilidades electorales, es más difícil proyectar resultados. Sin embargo, la mayoría de las encuestas muestran que los demócratas se impondrán en la cámara de representantes, aunque es posible que los republicanos conserven su mayoría en el senado, recordando que, si se llegara a un empate, el vicepresidente resuelve.

Para que los demócratas puedan ganar sólidamente y forzar al gobierno de Trump a cambiar su rumbo, deben hacerlo a partir de factores no ideológicos que tienen dividido al país en partes casi iguales, como la situación económica y la política exterior.

Y la economía doméstica, pero también global, como nunca ha estado condicionada por la política exterior del gobierno de Trump. A los aranceles que han elevado los costos de los consumidores en casi todo, se suma la guerra con Irán que ha disparado los precios del petróleo y aumentado el clima de incertidumbre, frenando decisiones de inversión y empujando el alza de la inflación.

El presidente Trump probablemente apuesta a una victoria menor de los demócratas por varias razones. Primero está la pertinacia de la variable ideológica. Luego está la posibilidad bastante alta de conservar la mayoría en el senado. Además, tiene la afinidad de la mayoría de la Corte Suprema, que ha avalado buena parte de sus iniciativas de predominio y discrecionalidad del poder presidencial en muchos ámbitos, lo que ha disminuido significativamente el rol del congreso. Con el senado de su lado entonces, podría seguir más o menos en la misma senda e impedir incluso cualquier viabilidad de juicio político en su contra.

Por último, el Partido Demócrata está dividido entre su ala más de izquierda y los moderados, con el primer sector tomando más espacios y protagonismo en las últimas elecciones locales y en las primarias para los comicios de noviembre.

Los estudios de opinión y las encuestas muestran que si bien dentro de los votantes comprometidos del Partido Demócrata, el ala más radical ha crecido especialmente entre los jóvenes y las minorías, sus opciones y propuestas son mayoritariamente rechazadas por el electorado general. Por tanto, en aquellos distritos en los cuales vayan estos candidatos, los demócratas podrían terminar perdiendo. Y si ganan, asumiendo que al menos recuperan el control de la cámara de representantes, nada asegura que en varias materias logren estar alineados con el resto del partido, pudiendo incentivar votos cruzados que en definitiva favorezcan a la actual administración.

Pero aún con todo lo señalado, Trump y su administración quieren minimizar la posibilidad de perder poder. Eso incluye también la proyección de su gobierno en dos años más.

En esa óptica, la dimensión de la política exterior como señalamos es crucial. Revisemos algunos hitos y las acciones emprendidas para revertir sus efectos negativos o al menos mostrar éxitos que auguren cambios de tendencia.

Partamos por le guerra con Irán. Lo que comenzó con operaciones de nombre rimbombante, se ha convertido en un pantano (aunque la zona sea desierta). Irán no ha sido derrotado y Trump no logra imponer las condiciones que justificaron su intervención. El régimen está más consolidado que nunca y en una posición endurecida, dispuesto a alargar el conflicto porque este es plenamente funcional a su mantención en el poder.

Además, se ha empujado al alza el precio mundial del petróleo, lo que ha estimulado un auge inflacionario global, junto con un sinnúmero de consecuencias económicas negativas, partiendo por la incertidumbre que paraliza decisiones.

Esta guerra es tremendamente impopular en Estados Unidos y su prolongación ha mermado aún más la baja popularidad del presidente Trump.

En la supuesta nueva fase del conflicto, Trump quiere ahogar económicamente a Irán, pero eso si es que fuera a tener éxito, requerirá de tiempo y no sucederá antes de las elecciones de noviembre.

No debe además olvidarse que la situación con Irán ya determinó una vez la suerte de un sufragio. Fue el secuestro de los funcionarios norteamericanos en la embajada en Teherán durante la administración Carter, quien vio frustrada su reelección en gran medida por eso (los iraníes liberaron a los rehenes el día de la asunción de Ronald Reagan).

Por lo mismo, el régimen iraní apuesta a incidir en las elecciones, alargando el actual estado de las cosas y Trump no quiere perder cara, con lo cual alimenta la prolongación. Para salir de ese marasmo y en su lógica, debería repetir lo que hizo Nixon con Vietnam y sus masivos bombardeos aéreos de los últimos años de la guerra, que finalmente derivaron en una negociación que permitió nominalmente a su gobierno salvar cara, pero terminó en la misma debacle. En el caso del Medio Oriente, una estrategia de esa naturaleza solo estimulará una conflagración regional con altos costos humanos y económicos.

En suma, el margen de Trump es muy reducido y la lucha en este ámbito se ha trasladado crecientemente a las comunicaciones, donde quiere mostrarse como ganador.

Otra área en la cual Trump está “apretando el acelerador” es en materia de negociaciones comerciales. Básicamente quiere maximizar las concesiones de otros países para recaudar más por los aranceles y asegurar más mercados para las exportaciones e inversiones de Estados Unidos. Con eso espera inclinar la balanza en algunos estados definidos como “swing states”, en los cuales hay estamentos industriales y agrícolas importantes que dependen de las exportaciones y de mejores condiciones frente a la competencia en el mercado doméstico.

En esa dinámica se insertan por ejemplo las negociaciones y tiras y aflojas con Canadá y Brasil.

Finalmente, y porque podríamos seguir latamente, Trump busca volver a explotar la espectacularidad de las cumbres donde aparece como el gran protagonista. En ese esquema está la posibilidad que ha levantado, de volver a reunirse con el gobernante norcoreano. En parte eso explicaría la reducción que decretó de los ejercicios militares con Corea del Sur, lo que explicitó como una señal de buena voluntad hacia Kim Jong Un, aunque es igualmente una presión directa a los surcoreanos para más concesiones económicas.

También está la visita oficial que hará el gobernante chino Xi Jinping a Estados Unidos el próximo 24 de septiembre.

En suma, Trump y su gobierno están tratando de mostrar una política exterior exitosa y que beneficia a los estadounidenses, con la esperanza de que eso tenga un rédito electoral en noviembre.

Como lo expresamos en esta columna, la política exterior de Donald Trump, particularmente por la situación con Irán, ha afectado la economía mundial y por supuesto la de los Estados Unidos. Está por verse cuál será el impacto electoral con los bemoles descritos, y si las últimas acciones en el ámbito internacional podrán mitigar los efectos negativos instalados.

No hay comentarios

Agregar comentario