Asoman nuevos tiempos con Bolivia

Columna
El Líbero, 24.10.2026
Fernando Schmidt Ariztía, embajador ® y exsubsecretario de RREE

El 16 de octubre fue un día importante para las relaciones de Chile y Bolivia. Se inició un recorrido conjunto que nos debería llevar al restablecimiento de vínculos diplomáticos, si todo marcha bien. No tener este nivel de conexión política entre países vecinos que sostienen entre sí un diálogo relativamente normal, con sus altos y bajos, es una anomalía. En mis casi 72 años de vida nuestros países mantuvieron canales diplomáticos abiertos, apenas en diez de ellos.

Pedro Daza, gran diplomático nuestro, dijo alguna vez que “el mejor estado de nuestras relaciones con Bolivia es cuando no tenemos relaciones”. La frase era válida en su tiempo, cuando los vínculos formales estaban secuestrados por el tema marítimo, el cauce del río Lauca o por la popular ofensiva multilateral boliviana en organismos internacionales ante un Chile aislado globalmente y defendido casi únicamente por el derecho internacional. Se pensaba que con relaciones diplomáticas plenas la agenda tendería a ser manejada por temas divisivos donde no habría acuerdo. Además, se generarían falsas expectativas sobre el tema de fondo y, al final, acabaríamos en dolorosas recriminaciones mutuas. Al carecer de vínculos políticos, ambos países tenderíamos a concentrarnos en temas prácticos que importaban a la ciudadanía.

No le faltaba razón a Daza entonces. Incluso hubo un tiempo en que desarrollamos fórmulas audaces de integración, sin relaciones diplomáticas, como cuando negociamos un acuerdo para la industrialización y comercialización del gas boliviano en Tarapacá. La fórmula desvinculaba la aspiración marítima de la integración gasífera. Sin embargo, el mito, la carga emocional y política de las reivindicaciones soberanas fueron más fuertes y la promisoria idea perdió su oportunidad. Acabamos en la Cumbre de Monterrey, en enero de 2004, con el presidente Lagos emplazando al boliviano Carlos Mesa a reanudar las relaciones diplomáticas “aquí y ahora” si queríamos avanzar en facilidades portuarias, comerciales e integración económica. Poco después vino el referéndum boliviano sobre el gas y la política de que “ni una molécula iría a parar a Chile”.

El desenlace nos demostró que, aún sin relaciones diplomáticas, los temas sensibles podían alterar la frágil relación consular. Después del episodio tardamos casi un año en nombrar un cónsul general. Iniciativas audaces y estratégicas de integración, fundamentales para crear confianza, se contaminaban con la aspiración marítima y arruinaron el esfuerzo.

Hoy no existen las circunstancias que llevaron a Bolivia a plantear con éxito el tema del mar a fines de los 70. Las condiciones políticas internacionales son otras. La Corte Internacional de Justicia le puso un candado al tema, por la vía jurídica. Esto deslegitimó futuras reivindicaciones en foros multilaterales donde el asunto ya había muerto. En dicho declive jugó un papel importante la diplomacia nacional, que se hizo presente preventivamente en todos los foros con algún grado de peligro. Por otro lado, el tema del gas desapareció al declinar las reservas bolivianas de 10,7 trillones de pies cúbicos (TCF) el 2013; a 4,5 TCF el 2023, a lo que se agregó la falta de inversión.

Nos equivocaríamos, sin embargo, si pensamos que la aspiración marítima dejó de existir. Este es un asunto político-emocional de corte transversal en Bolivia, factor de unidad nacional y, además, refrendado en su propia Constitución. Sería ilusorio creer que una reanudación de relaciones diplomáticas podría hacerse a cambio de su renuncia a este punto sensible, de una transformación de sus propias emociones. Por nuestra parte, tenemos que ser tajantes -con o sin relaciones formales- en el respeto al derecho internacional y, por lo tanto, al fallo de la Corte Internacional de Justicia. Ese es el único encuadre posible. Por ello, el restablecimiento de relaciones plenas, cuando llegue el momento, no puede estar condicionado.

El Reino Unido y España mantienen relaciones diplomáticas estrechas a pesar del asunto de Gibraltar. Las reivindicaciones territoriales de Marruecos sobre Ceuta y Melilla no impiden a Madrid y Rabat tener relaciones normales. Argentina mantiene las suyas con el Reino Unido a pesar de Malvinas. Incluso India y Pakistán, que se han enfrentado en cuatro ocasiones desde 1947, mantienen una relación de bajo perfil, a nivel de Encargados de Negocios.

También nos equivocaríamos si pensamos que por la restauración de los vínculos diplomáticos desaparecerán otros temas amenazadores, como actualmente ocurre con el “Caso Maderas”. Sin embargo, un restablecimiento de relaciones formales facilitaría el tratamiento del incordio, lo encauzaría mejor por vías políticas de alto nivel, o lo derivaría a canales que ofrezcan confianza recíproca. Evitaría que el tema se asuma de manera emocional.

Soy partidario, sin lugar a duda, de reanudar las relaciones con nuestros vecinos, pero, como le dijo la mujer al huaso arrebatado por una súbita pasión amorosa: “Epaaa! Pololeemos primero, puh”. Debemos fomentar, en efecto, unas relaciones de confianza en los temas definidos en las declaraciones y memoranda de entendimiento suscritos el 16 de octubre. Hay suficientes asuntos para abordar como seguridad, modernización del ACE 22, minería, integración energética, fibra óptica, infraestructura, conectividad, reversión del oleoducto Arica – Sica-Sica, entre otros, que son necesarios y sirven para generar credibilidad a corto y mediano plazo. Es promisorio, igualmente, que en la visita presidencial hayan participado los gobernadores regionales de Arica-Parinacota, Tarapacá y Antofagasta. En columnas anteriores hemos sostenido la necesidad de comprender y admitir la complejidad regional de las relaciones con los países vecinos.

El futuro restablecimiento de las relaciones diplomáticas tiene que ser la culminación de un proceso de construcción de seguridades mutuas. Esto significa también que, en ambos países, pero especialmente en Bolivia donde el panorama político es más arduo con respecto a nosotros, el establecimiento de relaciones debe ser asumido por un abanico amplio del espectro político para evitar que la futura reanudación no se convierta en un instrumento arrojadizo de su política interna.

Como dice la Declaración Presidencial, principal instrumento político emitido durante la visita del presidente Kast a La Paz, los dos países deben construir una relación funcional, es decir pragmática, que incida en el progreso de los países y de sus ciudadanos, que ofrezca resultados, que sea medible. Una vinculación que sea estable no sujeta a caprichos políticos, que se asiente en elementos sólidos, permanente. Una asociación con visión de futuro, que no esté entrampada por el pasado, por el victimismo, que no obstante las diferencias que han marcado nuestra historia (como dice textualmente) se enfoque en la cooperación y el respeto recíproco, y se aboque al largo plazo sobre la base del respeto al derecho internacional.

Esta fue una buena visita. Un avance indudable en las relaciones exteriores del país que, de culminar en el establecimiento de relaciones diplomáticas se consolidará como un paso histórico. Me alegro, además, que en ella haya tenido un papel protagónico la diplomacia profesional chilena, que pone de manifiesto su real necesidad.

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