Columna Diario de Mallorca, 04.10.2026 Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España
A este gobierno le crecen las acampadas desde la playa del Trampolín, más famosa ya que Copacabana, hasta la reciente de la Puerta del Sol. Ambas tienen que ver con demografía y con malas políticas. Me centraré hoy en la primera porque es uno de los factores que más influencia va a tener en la geopolítica del futuro inmediato. Para hacerse una idea bastan cuatro datos: en época de Cristo la población mundial rondaba 300 millones, subió hasta 1.000 cuando Napoleón llenaba Europa de ideas y de sangre, y alcanzó 2.500 tras la 2GM. Desde entonces se ha disparado para llegar 8.000 millones. Quien tenga 42 años ha visto la población mundial duplicarse y los de 75 la han visto triplicarse durante sus vidas. Eso ejerce una presión brutal sobre el ecosistema que nos sustenta y sobre recursos escasos como agua, alimentos y energía. Todo indica que la población seguirá aumentando hasta 10.000 millones en 2060 para empezar entonces a disminuir.
Tres son las tendencias demográficas dominantes: el envejecimiento, la urbanización y las migraciones.
Cada vez vivimos más y eso es un éxito (Japón y España somos los más longevos) mientras 2/3 de los países tienen tasas de fertilidad por debajo de la de reposición de 2,1 hijos por mujer. Europa envejece pero los que más lo hacen son China, Japón, Taiwán y Corea del Sur, mientras EEUU se mantiene joven gracias a la inmigración (si Trump no lo fastidia) aunque a partir de 2040 los blancos pasarán a ser minoría y eso provoca reacciones identitarias que impulsan al movimiento MAGA.
Esa población será esencialmente urbana: en 1950 sólo Tokio tenia más de diez millones de habitantes y hoy hay diez ciudades con más de veinte millones. En 2050 el 60% de la humanidad vivirá en megalópolis que desarrollarán problemas de déficits de vivienda (¿les suena?), de infraestructuras, equipamiento y servicios básicos, de situaciones de desigualdad próxima, de formas diversas y contiguas de convivencia, de alto coste de la movilidad cotidiana etc. Su enorme peso les hace plantearse cuestiones de gobernanza y de autonomía mientras buscan coordinarse por encima de las fronteras para enfrentar problemas comunes.
El tercer rasgo son las migraciones. De los 2.000 millones que la población mundial crecerá de aquí a 2060, 1.300 nacerán en África, incapaz de darles a todos las tres T que pedía el Papa Francisco (Techo, Tierra y Trabajo). África ofrecerá grandes oportunidades y tendrá grandes problemas y eso augura grandes migraciones impulsadas por razones económicas, desastres naturales, guerras y cambio climático. Pero si emigrar es un derecho, inmigrar no lo es, ninguna sociedad de bienestar aguanta con fronteras abiertas, y como en Europa necesitaremos gente joven habrá que abrir vías para una inmigración legal y regulada. Hoy el 80% de los inmigrantes que entran irregularmente en Europa se acaban quedando y eso es gasolina para la ultraderecha y explica la irritación de nuestros socios con las imágenes que llegan de Ceuta o con nuestra política migratoria.
Los países envejecidos tendremos menos relevancia política y económica, menor capacidad militar y perderemos influencia a menos que compensemos todo eso con mayor productividad gracias a la inmigración y a la tecnología.
El futuro pinta bien para Estados Unidos que en 2050 tendrá más gente que ahora en edad de trabajar y mal para sus rivales Rusia y China. Rusia con 130 millones de habitantes pasará a tener solo 46 en 2100 y tendrá dificultades para mantener unido al único país europeo que aún no ha descolonizado, una enormidad de 34 millones de kms2 y once husos horarios, y que además tiene como vecina a China que le reclama la Siberia que perdió con los “tratados desiguales” del siglo XIX.
Pero también China pasará de 1.400 millones actuales a 700 y eso tendrá un enorme impacto social (un nieto para cada cuatro abuelos), económico (menos obreros, menos consumidores...) y militar (menos soldados) y de ahí las prisas por aumentar la productividad y desarrollar robots que puedan realizar esas tareas... y guerrear. El otro gigante, India, mantendrá la población actual (1.400 millones) pero su riesgo es envejecer sin llegar a ser rico o sin dejar de ser pobre. La conclusión es que por mucho que se hable del mundo postamericano, si solo fuera por la demografía el futuro es suyo.

