La OTAN se reúne en Ankara

Columna
El Periódico, 05.07.2026
Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España

Esta semana se celebrará en Turquía una cumbre de la OTAN que no atraviesa por su mejor momento. Hace unos años Macron dijo que tenía parálisis cerebral y antes, tras la desaparición de la URSS y del Pacto de Varsovia, muchos se preguntaron cuál era su razón de ser. Pero si es difícil crear una organización internacional, más difícil es terminar con ella.

La OTAN siguió existiendo, Gorbachov acarició la idea de meter a Rusia en su seno y en los años 90 hubo un Consejo de Cooperación OTAN-Rusia que suscitó muchas esperanzas, hasta que la deriva totalitaria de Putin cavó un foso entre nosotros. Iván Krastev ha dicho que Rusia pasó en aquellos años de ser una democracia imperfecta con Yeltsin a ser una dictadura perfecta con Putin, y luego la anexión de Crimea y la invasión de Ucrania profundizaron ese foso e hicieron que Suecia y Finlandia entraran en la Alianza.

En treinta años la OTAN ha pasado de dudar sobre su continuidad a coquetear con Moscú, y de casi morir a resucitar fortalecida. Ahora, Trump la ha vuelto a poner en cuestión porque no le gustan los foros multilaterales donde su capacidad de presión se diluye y porque desprecia a los europeos por pensar que somos débiles.

Con Estados Unidos tenemos problemas porque apoyan a nuestra ultraderecha que quiere torpedear el proyecto europeo y favorece una renacionalización de políticas contraria a la necesaria mayor integración. No le gusta la UE. Y mientras nosotros percibimos a Rusia como la amenaza principal, para los americanos es China. Tampoco estamos de acuerdo en asuntos como Groenlandia, cambio climático, relación con las organizaciones internacionales, control de las grandes corporaciones digitales, abandono de Ucrania y coqueteo con Putin, por citar solo algunos ejemplos. Tampoco nos gusta la errática política arancelaria de Trump, que no nos informe de su ataque ilegal a Irán y luego exija que le apoyemos, o que pretenda que sigamos ciegamente su política con China. Son dificultades superables porque son consecuencia del peculiar carácter del actual inquilino de la Casa Blanca y ya se sabe que muerto el perro se acabó la rabia. Es cuestión de paciencia.

La que no está muerta es la relación transatlántica. Ante las amenazas de Trump, Europa ha recogido el guante para asumir mayor protagonismo en cuanto afecta a su propia seguridad. Solo en 2025 los europeos hemos aumentado nuestro gasto de Defensa un 20%, hasta alcanzar 450.000 millones de euros (más que China y tres veces lo que Rusia), Polonia está a punto de rebasar el 5% del PIB destinado a Defensa, Noruega gasta per cápita en Defensa más que nadie, y los Bálticos también están haciendo grandes esfuerzos. No hay como tener al lobo cerca para verle bien las orejas y actuar en consecuencia. La propia Alemania ha vencido viejas reticencias para anunciar una enorme inversión en armamento e infraestructuras que la llevarán a tener el ejército más potente del continente dentro de pocos años. Porque en este punto hay que reconocer que los americanos tienen razón, desde Reagan que lo pedía con buenas formas hasta Trump, que lo exige con sus modales habituales: ir de gorra se acabó porque a cada americano la OTAN le cuesta 3.400 dólares, mientras que cada europeo solo paga 1.300 y cada español 400. Y ni eso es mantenible ni hay Educación o Sanidad sin Seguridad.

Pero, por encima de estas diferencias, que son reales y no se deben ocultar, lo que nos une es muy fuerte como muestra que, juntos, los países de la OTAN representemos el 43% del producto nacional bruto del mundo entero y eso es algo sobre lo que se pueden construir alianzas muy sólidas, que para durar exigen también fundamentarse sobre valores compartidos y la percepción de amenazas comunes. El problema es que en este momento veo más fácil ponernos de acuerdo sobre las amenazas que sobre los valores, porque la realidad es que cabe preguntarse si realmente sigue existiendo ese Occidente que fue capaz de crear la ONU, el FMI o el BM y dar al mundo 80 años de paz y prosperidad inigualables. Corremos el peligro de tirar al niño con el agua sucia de la bañera.

En lo que a nosotros respecta, veremos qué le dice Trump a Sánchez en Ankara. Si le mira. Cuanto más duro sea, más lo celebrará nuestro presidente con sus socios de investidura.

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