Ucrania: un poco de realismo

Columna
El Periódico, 20.05.2024
Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España

La suspensión de la visita de Zelenski muestra la gravedad de la situación y devuelve a primer plano la guerra de Ucrania, casi expulsada de telediarios y periódicos por la tragedia de Gaza que es un auténtico regalo para Putin, porque al desviar la atención de Ucrania también le llegan menos dineros y menos armas.

La invasión no comenzó bien. Las tropas rusas cometieron errores muy graves y lo pagaron. Pero con el tiempo el Kremlin ha ido corrigiendo esos errores y no solo logró detener la contraofensiva ucraniana de 2023 sino que ahora ha pasado al ataque y gracias a su superioridad en personal, medios aéreos y munición está avanzando hacia Jarkov, la segunda ciudad del país, aunque puede que no sea ese su objetivo final sino obligar a Ucrania a desproteger el frente Sur y la misma Odessa, el último gran puerto en sus manos por donde sale un cereal que el mundo necesita comprar y Ucrania vender.

Este conflicto dura ya más de dos años, ha causado mucho dolor y ha obligado a Rusia y a Ucrania a reconvertirse en economías de guerra. Y ahí Rusia tiene ventaja como también la tiene en población, pues triplica a la ucraniana donde el cansancio y el desgaste producido por la guerra es mayor. El hasta ahora ministro de Defensa, Shoigu, decía que los rusos "son un pueblo acostumbrado a sufrir" y también -aunque eso no lo dijera- son un pueblo acostumbrado a obedecer porque nunca han hecho otra cosa desde los zares a los comunistas y a la actual dictadura. Además, las sanciones occidentales han tenido menos impacto del esperado y la represión impide eventuales protestas porque hoy el gasto de guerra supera en Rusia al gasto social. Fábricas que antes hacían lavadoras ahora hacen tanques. A Ucrania le quedan 350 y Rusia produce 1500 al año. Hoy Ucrania se ve superada en combatientes, armamento y munición. Es lo que hay.

A eso se une el creciente cansancio occidental. No queremos hablar de ello porque en las trincheras de Ucrania se defienden también nuestros valores, pero las dificultades para aprobar los últimos paquetes de ayuda económica y militar a Kiev tanto en EEUU (por causa de los Republicanos) como en Europa (por causa de los húngaros) tenderán a crecer en el futuro. Y eso si es que no gana Trump las próximas elecciones pues ya ha anunciado que dejará de apoyar a Zelenski para sentarse con Putin y negociar la paz «en veinticuatro horas»... naturalmente a costa de Ucrania. El asunto es preocupante porque hoy por hoy Trump va por delante de Biden en cinco Estados cruciales: Nevada, Arizona, Georgia, Michigan y Pennsylvania.

Zelenski pretende recuperar “todos” los territorios perdidos, incluyendo Crimea, y eso -lo lamento mucho- no es realista mientras los avances en el frente de batalla favorecen a Rusia. El nombramiento del economista Andrei Belousov como ministro de Defensa indica que se prepara para una guerra larga que se siente con fuerzas para librar. En estas condiciones es difícil negociar la paz porque ni Ucrania puede renunciar a su territorio ni Rusia quiere abandonar sus conquistas y, sin embargo, la negociación puede convenir a Kiev porque si la guerra sigue con la tendencia actual lo más probable es que pierda aún más territorio del que ya ha perdido. No nos engañemos, le damos a Ucrania lo suficiente para mantener el tipo (cada vez con más dificultad) pero insuficiente para ganar la guerra, entre otras cosas porque no queremos entrar en un conflicto con Rusia que es potencia nuclear y nos lo recuerda constantemente. Y a pesar de ello estos días se habla de enviar soldados-monitores de países OTAN a Ucrania, lo que aumentaría nuestro nivel de riesgo.

Pregunto: Cómo ninguno de los dos combatientes quiere ceder en sus pretensiones, ¿no sería mejor un armisticio a la coreana sobre la actual línea de separación de fuerzas que, sin renunciar a los objetivos máximos de cada parte, evite que muera más gente y que Ucrania pierda más territorio? A cambio podríamos ofrecerle más ayuda económica, garantías de seguridad y acelerar su acceso a la UE. Se mantendría así una paz fría y cogida con alfileres en el corazón de Europa, que no es mucho, pero es algo y en todo caso es mejor que lo que puede pasar. Algunos lo llamarán derrotismo... mientras será realismo para otros. Porque Trump puede volver.

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