¿Sobrevivirá la oligarquía iraní más allá de 2026?

Columna
EL Debate, 08.05.2026
Gustavo de Arístegui y San Ramón, abogado, exdiplomático y analista geopolítico español

El periodista de investigación del Canal 12 de Israel Amit Segal, uno de los analistas de seguridad más rigurosos de Israel, publicó una evaluación que cambia el marco de análisis del proceso negociador entre Washington y Teherán. Una fuente de inteligencia israelí de alto nivel le confió que, de mantenerse el bloqueo actual, la República Islámica «no sobrevivirá a 2026». No es una hipérbole. Es el resultado de un análisis financiero y energético que muestra un régimen en proceso de implosión.

Las cifras son devastadoras por su crudeza. El rial iraní cotiza a 1,8 millones por dólar —un desplome del 25 % respecto al nivel que desencadenó las protestas masivas de enero. Irán tiene actualmente 184 millones de barriles de petróleo inmovilizados en el mar: 60 millones atrapados físicamente en la zona de bloqueo del Golfo Pérsico y del Golfo de Omán, y otros 124 millones anclados frente a las costas chinas que nadie compra por miedo a las sanciones secundarias de Washington.

El bloqueo drena al régimen entre 400 y 500 millones de dólares diarios. Dos millones de iraníes han perdido su empleo desde el inicio de la crisis. El supuesto «giro estratégico hacia China» ha fracasado con estrépito: el comercio con Pekín ha caído un 80 %.

Pero el dato más inquietante lo proporciona la física de los yacimientos petrolíferos. Cuando los tanques de almacenamiento terrestres y flotantes de Irán alcancen el cien por cien de su capacidad —lo que ocurrirá en un plazo de 15 a 60 días, según los cálculos de Segal, el Estado se verá obligado a cerrar físicamente los pozos en funcionamiento. Y para los yacimientos maduros, sellar un pozo equivale a una sentencia de muerte: la presión subterránea necesaria para extraer el petróleo se disipa de forma irreversible.

Irán podría perder permanentemente entre 300.000 y 500.000 barriles diarios de capacidad de producción. Eso representa entre 10.000 y 15.000 millones de dólares anuales de ingresos perdidos para siempre. Por eso sería un disparate permitirles cobrar peaje de paso en el estrecho de Ormuz pues eso supondría entre 100.000 y 200.000 millones de dólares de ingreso.

Segal, Canal 12 de Israel: «Irán tiene actualmente un excedente de hombres armados y un déficit de lealtad. Lo único que cierra esa brecha es el miedo y el dinero, y cuando este último se agota, el primero pierde su ventaja».

Este es el contexto en el que hay que leer el memorando de catorce puntos que, según Axios, Washington y Teherán están a punto de firmar. EE.UU. esperaba respuesta iraní en 48 horas. El documento, negociado por los enviados de Trump —Steve Witkoff y Jared Kushner— a través de Pakistán como mediador, declararía el fin de la guerra y abriría treinta días de negociaciones sobre el Estrecho de Ormuz, el programa nuclear y el levantamiento de sanciones. Los mercados lo celebraron. La Casa Blanca habló de proximidad. Una fuente pakistaní confirmó a Reuters: «Lo cerraremos muy pronto. Estamos cerca».

Pero hay una pieza que el optimismo diplomático tiende a ignorar, y Amit Segal la ha puesto sobre la mesa con toda la crudeza que merece. El general Ahmad Vahidi, comandante del CGRI, ha formado un «consejo militar» que monopoliza ahora todo contacto con el Líder Supremo (sublime paradoja como diría el gran Unamuno) Mojtaba Jamenei, bloqueando de facto los intentos del presidente civil Masoud Pezeshkian de convocar una reunión de emergencia para detener los ataques iraníes contra los Emiratos Árabes Unidos. Esos ataques continuaron el 6 de mayo, ignorando, en palabras de Segal, las «desesperadas objeciones del liderazgo civil». La toma de control por parte de la Guardia Revolucionaria es casi total.

El régimen iraní sufre la paradoja del descabezamiento: la Operación Epic Fury eliminó a los interlocutores con capacidad de imponer sus decisiones y dejó a Washington negociando con diferentes grupos del régimen enfrentados entre sí, pero con dominio de los sectores más fanáticos del CGRI. La estructura institucional actual excluye al ejecutivo civil de las decisiones militares críticas. Esto es, sin duda, un golpe de Estado de facto dentro del propio régimen.

La Administración Trump suspendió el Proyecto Libertad —la iniciativa para reabrir el Estrecho de Ormuz mediante escolta militar— precisamente cuando la presión asimétrica comenzaba a producir sus efectos más devastadores sobre el régimen. El Proyecto Libertad no era una operación militar menor: era la palanca más eficaz del conflicto, porque transformaba el cierre del Estrecho de una presión en unidireccional, dirigida exclusivamente contra Irán. Su suspensión, a petición de Pakistán, es lo que quita el sueño a los analistas de seguridad israelíes. Han visto cómo Washington abandona su mayor ventaja estratégica cuando el comandante del CGRI está atacando a los Emiratos Árabes Unidos.

La lógica del farol que Segal describe es perturbadora en su claridad: «Los faroles solo funcionan si se está dispuesto a que se descubran». Al ordenar los ataques contra los EAU, la facción de Vahidi reveló su estrategia: provocar un nuevo conflicto militar con EE.UU. e Israel es un precio aceptable para perpetuarse en el poder; no parece que sean estos los que vayan a construir una solución diplomática estable y duradera.

Los estados del Golfo que sufrieron en carne propia los misiles iraníes y drones exigen que cualquier acuerdo incluya condiciones duras sobre el programa nuclear, el cese del apoyo al terrorismo y garantías sobre el Estrecho. El 79 % de los estadounidenses encuestados por Harvard CAPS-Harris considera esencial que Irán deje de apoyar a Hezbolá y Hamás. Si tuviésemos acceso a sondeos en los países Golfo, el porcentaje sería con seguridad aplastante.

El primer escenario es el de la profundización de la fractura interna iraní: el CGRI bloquea cualquier concesión nuclear, el MOU se firma, pero las negociaciones técnicas no llegan a buen puerto y el régimen entra en la fase terminal que Segal describe. La oligarquía yihadista recurrirá entonces a las masacres para mantener el control —como en enero de 2026— hasta que la desesperación supere al miedo. Si ese momento llega, el mundo tendrá que afrontar una transición iraní sin hoja de ruta y con el CGRI desatado y desesperado, que es el escenario más peligroso de todos.

Las próximas horas dirán si se imponen los fanáticos con la intención de ganar tiempo para seguir en su temeraria y sanguinaria huida hacia adelante.

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