Editorial OpinionGlobal Review, 18.05.2026
Como ya hemos venido comentando reiteradamente en este espacio, el mayor peligro que asecha hoy al mundo es el creciente embate entre democracias y dictaduras, fenómeno que ha tenido como efecto principal un sistema internacional convulso, inestable y, prácticamente, sin reglas.
Actualmente, las democracias se reúnen en torno a EEUU, Canadá, Europa, Corea del Sur y Japón, Australia y Nueva Zelanda, muchas veces identificadas genéricamente como Occidente, y que comprende también algunas otras naciones de África, América Latina, Asia Pacífico y Medio Oriente. Las dictaduras, en cambio, tienen como su núcleo fuerte a países agrupados por la corta sigla inglesa de “CRINK”: China, Rusia, Irán y Corea del Norte/Norcorea, pero obviamente con múltiples seguidores como Afganistán, Argelia, Burkina Faso, Camboya, Cuba, Guinea Ecuatorial, Laos, Libia, Myanmar, Mongolia, Nicaragua, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Somalia, Venezuela, Vietnam y Zimbabue, entre otros.
Agresiones y desafíos
Las democracias están siendo agredidas tanto desde afuera como desde adentro. Las cuatro mayores amenazas externas son:
(a)La agresión bélica no provocada de Rusia contra Ucrania (¿y Europa?);
(b)La apuesta iraní por la proliferación nuclear para destruir Isreal y dominar el Medio Oriente;
(c)La amenaza de reunificación militar de la península coreana por Pyongyang; y
(d)La supremacía económica mundial de China.
En cuanto a los desafíos internos, los dilemas se están generando por las divisiones al interior de Occidente, tales como el quiebre de Trump con los aliados tradicionales de EEUU (UE y OTAN), o bien, el proceso político “iliberal” y de profunda corrupción que está afectando a los EEUU.
Putin, un paranoico desconectado del gobierno
La colaboración ha seguido creciendo entre Moscú y Beijing, sobre todo en cuanto a tropas, armas y tecnologías para la guerra en Ucrania, pero -en el fondo- ello implica estratégicamente un mayor dominio chino contra una creciente dependencia rusa. La realidad es que China no ayuda a nadie y Rusia no ha podido ganar la guerra.
Se le acredita mucho a Vladimir Vladimirovich Putin poseer una mente estratégica y ser un líder astuto y calculador. Pero esa reputación está siendo ahora cuestionada, ya que Rusia está sufriendo un alto índice de bajas en el campo de batalla (1.3 millones de muertos, heridos y desaparecidos), así como grandes pérdidas de material, una deteriorada economía incapaz de sostener por más tiempo el largo conflicto, y un aumento en el malestar de los propios rusos (la guerra ha llegado a sus hogares). Por ello, el “zar” ruso ha entrado en pánico, solo está preocupado de su seguridad personal y ya ni siquiera atiende sus responsabilidades normales de gobierno, lo que plantea un vacío de poder a futuro. Por lo demás, el cambio de gobierno en Hungría (salida de Orban), su aliado más cercano dentro de la Unión Europea, está pavimentando el camino para aumentar el apoyo financiero de la UE a la economía ucraniana.
Degradación de la dictadura teocrática islamista
El otro factor perturbador y desestabilizador es Irán en el Medio Oriente. A pesar de la propaganda de Teherán y del reportaje generalmente negativo de los medios occidentales, el ataque conjunto de EEUU e Israel contra Irán y sus proxies ha detenido el objetivo iraní de obtener armas nucleares, ha limitado el número de sus misiles y lanzadores, así como deteriorado en general su capacidad militar-industrial. No se puede decir que la sociedad Trump/Netanyahu haya derrotado a Irán, pero sí la ha debilitado, y mucho, como potencia regional.
Tanto los clérigos chiíes como los jefes de la Guardia Revolucionaria Islámica están ahora aislados y sin aliados en la región, incluso sus proxies han sido duramente castigados. Los países árabes (particularmente Arabia Saudita y los del Golfo) son sus mayores enemigos y el vacío regional que deje Irán muy probablemente será ocupado por la ambiciosa Turquía, otra potencia musulmana no árabe. Por si todo eso fuera poco, ninguna potencia en el mundo acepta que Irán controle o imponga cobros en el Estrecho de Ormuz.
Aunque no se puede hablar todavía de cambio de régimen, la situación de la radicalizada dictadura clérigo-militar en Teherán es la de unos perdedores sin poder. Por ende, de mantenerse la presión económica y militar de EEUU e Israel, la dinámica opositora en Irán debiera imponerse tarde o temprano.
Conclusiones
De acuerdo con los dos ejemplos analizados más arriba, las fuerzas democráticas podrían estar imponiéndose en Europa y en el Medio Oriente. Ello podría llegar a extenderse también a los casos de Venezuela y, eventualmente, Cuba. Pero, después de la cumbre entre Xi Jinping y Trump, no resulta claro quién gana y quién pierde en el Indo Pacífico. Trump halagó mucho a su contraparte, pero no consiguió nada en materia de aranceles bilaterales y no fue contundente en la defensa de Taiwán. Habrá que esperar todavía.
Sin perjuicio de lo anterior, el verdadero “talón de Aquiles” de Occidente es el proceso “iliberal” que vive los EEUU con Trump. Bajo la presente Administración, Washington ya no le interesa liderar coaliciones en contra de Rusia, contener a China, ni ninguna otra. Sencillamente, la democracia no está en el centro de la política exterior norteamericana o en su identidad nacional. Al contrario, Trump parece alinear las políticas domésticas e internacionales de EEUU con los valores y prácticas del mundo autocrático.
La teoría del “Superpower Suicide”
El presidente norteamericano ha lanzado ataques contra Canadá, la UE y sus socios asiáticos, aplicándoles altos aranceles a sus productos. Le gritó al presidente ucraniano en la Oficina Oval; amenazó con anexar Groenlandia; se opone a la UE por principio; y se ha hecho eco de Putin, al llamar a la OTAN un “tigre de papel”. Así, contra todo precedente, EEUU ha presionado en contra de Ucrania y en favor de Rusia, a fin de profitar de futuros negocios cuando venga el levantamiento de sanciones a Moscú. Todo ello, mientras Occidente enfrenta el rearme de un régimen radicalizado ruso, que emplea el sabotaje, la propaganda y las amenazas militares para influir en la política europea.
La situación descrita ha llevado al historiador de Yale y experto en sistemas totalitarios, Timothy Sneider, a acuñar el concepto de “Superpower Suicide” (Suicidio de Superpotencia) para definir la decadencia de los EEUU a partir de diversos auto sabotajes de Trump: por un lado, está rompiendo la cohesión social y la unidad nacional de los norteamericanos y, por el otro, está deshaciendo las alianzas tradicionales de Washington, uno de los factores del poder norteamericano.

