Tres posibilidades donde elegir

Columna
Diario Constitucional, 19.07.2026
Samuel Fernández Illanes, abogado (PUC), embajador ® y académico (U. Central)

Si se trata de entender y proyectar correctamente la situación mundial de la actualidad, es posible que no se logre acertadamente. Al intentarlo, nos confrontamos a una realidad que cambia constantemente, conflictos que se prolongan, y retardan toda posibilidad de solución. Treguas incumplidas, acusaciones recíprocas y requisitos añadidos de último momento, que hacen fracasar los esfuerzos. Cuando una oportunidad aparece, dura muy poco o se frustra acarreando todo tipo de consecuencias, no sólo políticas o de seguridad, sino en múltiples ámbitos que se ven afectados simultáneamente.

En consecuencia, teniendo en consideración lo anterior, se podrían destacar tres posibilidades analíticas, entre varias.

La primera: Podría parecerse al antiguo cuento infantil del lobo. Que de tanto anunciarse, cuando verdaderamente llega, nadie le hace caso. En efecto, la ocurrencia de una confrontación a escala mundial, o por parcialidades con resultados equivalentes, se viene vaticinando largamente y por muchas autoridades competentes. Basta con escuchar al secretario general de la ONU, que aumenta su nivel de preocupación en cada oportunidad que se le presenta, sin ningún resultado apreciable. Y no es el único, pues tenemos varias otras figuras internacionales que sostienen posiciones similares. De tanto repetir la gravedad que enfrentamos, cuando se materialice, constataremos que tenían razón, sólo que sería tarde. Es la más drástica de las posibles, pero no se puede descartar, ni tampoco afirmar.

La segunda: Sería confiar en el sistema internacional que nos rige desde hace ochenta años, representado en la Carta ONU, sus normas y órganos respectivos. En el Consejo de Seguridad, el derecho internacional, la Corte Internacional de Justicia, y la aplicación de los variados métodos y procedimientos para eliminar el uso de la fuerza, y solucionar pacíficamente las controversias internacionales. Se ha intentado prácticamente todo en las más de 30 guerras que siguen activas, sin resultados todavía. Correspondería aplicar el procedimiento creado precisamente para anticipar los conflictos, actuar en caso de producirse, y sancionar al agresor.

Desde hace un tiempo presenta una enorme debilidad, pues no hay confianza en que este sistema mundial que, por lo general, nos ha venido preservando de conflagraciones mayores pasadas, tenga plena aplicación en la actualidad. Hay consenso de que se encuentra inoperante para los grandes conflictos de hoy, al estar virtualmente paralizado por oposición de sus propios causantes, sin ofrecer las soluciones necesarias. Un tema que se viene repitiendo en todas las reuniones del Consejo, o entre los países más importantes agrupados en las Naciones Unidas, el G20, G7, países BRICS, organismos especializados, organizaciones regionales, organismos no gubernamentales, bloques económicos, y muchos otros. El diagnóstico es casi unánime y desalentador, pues tampoco hay iniciativas adecuadas para reemplazarlo. Se constata las falencias, pero sin alcanzar soluciones.

La tercera: Podrían ser las cumbres y reuniones del más alto nivel, entre los líderes de las mayores potencias mundiales que, pese a las enormes diferencias que los separan, a veces buscan y logran conversar directamente y sin intermediarios. Lo que es ciertamente positivo, pues mucho peor sería que no lo intentaran. No obstante, y por sobre la natural expectativa en estas conversaciones, sus resultados no son los esperados, pues no logran resolver los diferendos.

Cada uno de ellos, en su medida y circunstancia, ha acumulado grandes poderes y deciden sobre las guerras que ellos mismos han provocado, pero sin ponerles fin, prolongándose en ciertos casos por años. Tampoco hay claros vencedores o vencidos en el campo bélico, sólo momentáneos avances y retrocesos, sin lograr los objetivos buscados al iniciarse el conflicto, y mucho menos, se alcanza la tan anunciada victoria definitiva largamente publicitada. Tanto es así, que resulta sumamente difícil saber con certeza los verdaderos resultados bélicos, normalmente desdibujados o manejados a voluntad, exagerando lo obtenido por escaso que sea, y ocultando lo perdido.

Un punto poco mencionado, es la población que los soporta y sufre sus consecuencias, aunque lo traten de ocultar los responsables. En ciertos casos ya han pasado largos años, y cada uno más trágico e indefinido que el anterior. Una guerra sin resultados no sirve, y en definitiva se vuelve contra el que la provocó.

Como es posible deducir, las tres posibilidades anteriores, por sí solas, resulta evidente que no tendrían resultados positivos en este análisis. Por lo tanto, tal vez sea necesario considerarlas en su conjunto, sin perder de vista que a la postre todas dependerán finalmente, de quien tenga el poder necesario para haber desatado el conflicto, como para ponerle fin, lo que siempre resulta más difícil que provocarlo.

Son muy diferentes los responsables de las tres grandes potencias involucradas, y muy dispares sus condicionantes. Estados Unidos es una es democracia, a veces sobrepasada por el personalismo de Trump, pero que en definitiva no altera básicamente el sistema y tiene plazo de término. Rusia es una autocracia creciente y urgida por la falta de resultados, pierde apoyos y las críticas aumentan, haciendo reaparecer la posibilidad de una purga interna, como ha sido tradicional en su historia. No lo decide la población que casi nunca ha sido tomada en cuenta, lo deciden las cúpulas de poder. Y luego está China, y su largo historial de dominio por quien la controla. También está sometida a bruscos recambios de poder, si no hay resultados exitosos. Ambos, no dependen de los resultados eleccionarios que condicionan a Estados Unidos, pero sus cambios suelen ser inesperados y bruscos, y se han cumplido muchos años en que gobiernan los mismos. Sus guerras y principales objetivos han superado los tiempos usuales, y la falta de éxitos comprobables podría ser determinante. Otro factor que puede ser gravitante, e impide predecir resultados a más largo plazo. Sólo permite una apreciación actual.

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