El peor ciego es el que no quiere ver

Columna
El Periódico, 06.09.2026
Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España

Así es como el Gobierno está gestionando la gravísima crisis de Ceuta. Cuanto más tiempo pasa y más sabemos es peor, porque ha aparecido un informe policial que no deja dudas sobre la participación de Marruecos en el asalto de 80.000 personas sobre Ceuta. Otra cosa es el grado de esa implicación, sobre la que todavía falta información. Pero todos vimos a los gendarmes marroquíes dirigiendo hacia Castillejos a los camiones cargados de jóvenes, que suscitaron “ira y vergüenza” al escritor Tahar Ben Jelloun cuando salía de la recepción que el rey Mohamed VI ofrecía en Tetuán, a muy pocos kilómetros de Ceuta.

¿De verdad alguien puede creer que en Marruecos se mueven 80.000 personas sin permiso? ¿O que los gendarmes las encaminen sin que se lo manden? Pero Sánchez sigue manteniendo que la cooperación con Marruecos en materia migratoria es excelente, probablemente para no reconocer que lleva un mes equivocándose. “Mantenella y no enmendalla” contra toda evidencia, en la confianza muy trumpiana de que una mentira repetida muchas veces puede convertirse en realidad. Pero no cuela.

El futuro nos dará más información sobre lo ocurrido. Puedo equivocarme, pero creo que Rabat quiso tantear la fortaleza de la respuesta de un gobierno que percibe débil y el experimento se le fue de las manos. Eso ayuda a explicar la entrada de 80.000 personas un día y la ordenada salida del 90% 24 horas más tarde. Como a toque de silbato. El resultado fue más de un centenar de muertos.

Sánchez calificó acertadamente lo ocurrido los días 30 y 31 de Julio como un ataque a nuestra integridad territorial, pero luego se fue de vacaciones y su gobierno lo trató como una crisis migratoria. Tremendo error porque era eso y mucho más, una policrisis ciertamente migratoria pero también y, principalmente, política y de seguridad, además de social, humanitaria y sanitaria, que era evidente que la ciudad de Ceuta no podía resolver por sí sola. Y como erró en el diagnóstico, erró también en el tratamiento a aplicar y así perdió 30 días. La ciudad hoy es insegura, está sucia, está saturada, y es un polvorín con la mecha encendida. Y ahora, llegado septiembre, todo son prisas para tratar de recuperar el tiempo perdido.

El presidente del Gobierno consideró oportuno expresar sus puntos de vista sobre lo ocurrido a la Cadena SER en una entrevista de guante blanco, sin preguntas demasiado incómodas y sin insistir cuando Sánchez eludía la respuesta. Fue un relato, como también lo fue su posterior comparecencia en el Congreso, caracterizado por la autocomplacencia, la ausencia de autocrítica y ese envidiable estar siempre contento consigo mismo que le caracteriza. Pero no me gustó la manera en la que se refirió al Rey cuando le preguntaron por una posible visita a Ceuta, donde ha sido invitado por el presidente Vivas. Su lenguaje corporal fue muy revelador, pues se le crispó el gesto al afirmar con displicencia que en 20 años de reinado don Felipe no había visitado nunca Ceuta mientras él lo había hecho en cuatro ocasiones, dando a entender que no entendía las prisas. Otra vez la contabilidad trumpiana. Don Felipe no lleva reinando 20 años sino 12 y su agenda la marca el gobierno, de manera que el Rey no va a ningún sitio sin su permiso. Por si fuera poco, cabría añadir que nunca en estos 12 años el país ha enfrentado un ataque mayor a su soberanía e integridad territorial y en consecuencia es deseable que el Rey, como máxima autoridad del Estado, se acerque a los ceutíes para llevarles el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, igual que hizo en Paiporta cuando los valencianos lo pasaban mal o cuando fue a estar con los andaluces que sufrían crueles incendios. Parecería que el Rey es el único español que no puede ir a Ceuta y por eso es positivo que Sánchez haya aceptado finalmente que la visita real se haga “en las próximas semanas”. Los ceutíes la agradecerán y de paso enviará una señal de firmeza a Marruecos, que buena falta hace.

La comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso no ha convencido a nadie, incluidos muchos de los suyos, porque un problema que no se reconoce resulta irresoluble. El momento exige clarividencia, pero también generosidad y unión. Lo importante ahora es ayudar con medidas eficaces a Ceuta, empezando con el reparto de los menores y mostrando un frente unido ante Marruecos. Porque lo imperativo es resolver los problemas que hay, que son muchos, y asegurarnos de que algo así no volverá a suceder y para eso, para tomar las medidas necesarias, necesitamos estar fuertes y unidos. Como en las recientes manifestaciones. Porque Rabat va a persistir en su pretensión de arrebatarnos Ceuta y Melilla y no lo podemos permitir.

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