Columna Realidad & Perspectivas, N*148 (agosto 2026) Fernando Schmidt Ariztía, embajador ® y exsubsecretario de RREE
En las elecciones generales brasileñas del 4 de octubre próximo no solo se escogerá un nuevo presidente y vicepresidente, sino también 27 gobernadores, 54 senadores, 513 diputados, 1.059 diputados estatales y del Distrito Federal. Sin embargo, la atención mundial está concentrada en la elección del próximo mandatario. Esta última se desarrolla sobre un complejo telón de fondo: los desafíos geopolíticos que conocemos; la tensión entre poderes del Estado, agudizada por los recientes escándalos del INSS, Banco Master, “Lulinha”; y los temas económicos (cuentas públicas, deuda, inflación, endeudamiento privado, permisología).
Todos ellos explotarán durante la campaña. Lo que no se resaltará en el fragor del debate es la solidez del sistema federal; la firmeza y prestigio de instituciones que le dan continuidad al país; la extensión y peso de su sociedad civil (incluyendo al mundo empresarial), o el amplio y variopinto centro político. Sin embargo, estos elementos serán imprescindibles a la hora de gobernar.
El destino de la Presidencia se decidiría, según los sondeos, en una segunda vuelta el 25 de octubre. A ella concurrirían el actual mandatario y el senador Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente. Atrás quedarían 11 candidatos. En dicho escenario, según las encuestas de fines de agosto, Lula ganaría por 1 punto (PoderData y BTG-Nexus), 4 (Datafolha), 4,5 (AtlasIntel) y la brecha ha venido reduciéndose. En otras palabras, todo puede pasar. Así, la campaña está marcada por las tres “P” que Naím denunció hace años como males característicos de la política actual: populismo, polarización y posverdad, u opacidad de la información.
Todo esto lleva al elector a situarse desconfiado frente a las urnas. El nivel de rechazo a los dos candidatos que puntean roza el 50%. Para el analista político Murilo de Aragão, varios factores pueden inclinar la balanza en uno u otro sentido, los cuales hay que observar de cerca en las semanas que vienen:
- Que la elección presidencial se transforme en un plebiscito al gobierno (el 53% de los electores estima hoy que el país va por mal camino).
2. Que el rechazo a Lula está consolidado, pero el de Flavio puede reducirse.
3. Las percepciones sobre la economía en el bolsillo del ciudadano (inflación, tasas de interés), que suelen ser negativas.
4. El manejo de los escándalos actualmente en curso.
5. El sentimiento anti-PT o anti-Lula, que vota por otros candidatos en primera vuelta y que puede capitalizar Flavio Bolsonaro.
6. El síndrome del voto por el mal menor y sus secuelas.
7. Un acontecimiento inesperado.
8. Que el presidente está más próximo a su techo de apoyo que Bolsonaro.
En otras palabras, el escenario para la Presidencia de Brasil está abierto. Por ello, resulta particularmente importante el comportamiento de Trump, que hasta ahora ha “trabajado” para Lula. Si Flavio resulta elegido, las cosas pueden cambiar en política exterior. Serían previsibles la conformación de un fuerte alineamiento de Brasil con EE.UU. e Israel; un consistente pragmatismo en las relaciones con China, centrado en los intereses del agronegocio brasileño; la reanudación de una vinculación presidencial con Argentina, muy emocional desde Buenos Aires y más calculada desde Itamaraty; la primacía de acciones de coordinación regional para la seguridad contra el crimen organizado; el debilitamiento de la participación brasileña en los BRICS; un nuevo liderazgo brasileño donde la afinidad ideológica será un factor, pero moderado por su Cancillería.

