Columna Realidad & Perspectivas, N*148 (agosto 2026) Milos Alcalay, embajador ® y exviceministro de RREE venezolano
El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Venezuela, después del 3 de enero, marca una nueva etapa en el ámbito de las relaciones hemisféricas.
Inicialmente, Chávez, hace 27 años, mantuvo una diplomacia de Estado, contando para ello con el concurso de diplomáticos de carrera. Fue un período en el que la diplomacia presidencial jugó un papel activo, ofreciendo un cambio con músculo, pero en democracia. Destacaba entonces su lucha contra la corrupción, el perfeccionamiento de la democracia, la defensa de los derechos humanos y la orientación de sus acciones en beneficio de los más pobres.
En el tema de los derechos humanos, estuvo entre los primeros en firmar el Tratado de Roma, que establece la Justicia Penal Internacional (hoy anuncia su salida). En el campo de la defensa de la democracia, Chávez suscribió la Carta Democrática Interamericana. En la ONU, tuve el privilegio de ser presidente del Grupo de los 77 y del Diálogo Norte-Sur, en los cuales se mantenían posiciones constructivas en el ámbito de la ONU. Igual que en la OEA, el Pacto Andino y el Mercosur. En la etapa inicial, se defendía la unidad en la pluralidad. En el ámbito bilateral, se establecieron buenas relaciones con países vecinos: Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; en Colombia, con Uribe y Pastrana; y en México, con el presidente Fox.
En una segunda etapa, la diplomacia bolivariana sucumbió ante el discreto encanto de Fidel Castro, afianzando la radicalización de la exportación de la revolución bolivariana, con inmensos recursos derivados de los precios del petróleo, unidos a la megalomanía revolucionaria para construir el ALBA. Pronto, la unidad en la pluralidad se mimetizó en una diplomacia de carritos chocones, rompiendo relaciones con todos los países no incondicionales de la Revolución Bolivariana o que se mostraban críticos a la deriva totalitaria creciente en materia de derechos humanos, democracia o diplomacia.
En esta etapa se rompieron relaciones con la mayoría de los países latinoamericanos, además de romper relaciones con Estados Unidos, Israel y muchos países europeos. A nivel de los funcionarios de la Cancillería, promovió la purga de profesionales, sustituyéndolos por comisarios políticos o militares. En vez de promover el lema “Para nosotros la Patria es América”, prefirió promover el de “La espada de Bolívar por América Latina” y privilegiar relaciones con otros actores, como Irán, Hamás, Hezbolá y Rusia, dejando a Venezuela totalmente aislada de la comunidad latinoamericana de naciones. Este aislamiento del régimen bolivariano llegó a ser más grave en la medida en que el péndulo político ha girado hacia la consolidación de gobiernos democráticos en la región y ante el fracaso del ALBA.
A partir del 3 de enero, el ámbito diplomático venezolano, bajo la tutela de Trump, ha cambiado. Ello se constata con la ayuda internacional. Los primeros países que vinieron a dar su apoyo después del terremoto del 24 de junio son precisamente los países que no tenían relaciones diplomáticas: El Salvador, República Dominicana, Israel, Chile, Perú, Ecuador, Panamá y Paraguay. En momentos en que la presidenta interina y el canciller Félix Plasencia han dado pasos importantes para volver a establecer relaciones consulares y diplomáticas con varios países, notamos importantes avances con Chile, Perú, Ecuador, República Dominicana e Israel, que se van dando de manera progresiva y que permitirán paulatinamente volver a reinsertar a Venezuela y recuperar las relaciones con los países de la región.
Pero no es suficiente. Hoy debemos redefinir un modelo de integración aceptando la pluralidad. Ese es un reto para Venezuela y para toda la región, que se consolidará cuando tengamos elecciones libres y democráticas.

