Carta OpinionGlobal, 11.09.2026 Juan Salazar Sparks, embajador y exdirector de planificación de RREE
En relación con recientes declaraciones argentinas sobre la boca oriental del Estrecho de Magallanes, que incluyen tanto errores de algunas de sus autoridades como la creatividad de sus geopolíticos más nacionalistas, la diplomacia chilena ha sabido combinar históricamente firmeza en el cumplimiento de los tratados con pragmatismo para una buena vecindad. Aun así, Chile es un país igualmente vulnerable por la configuración tan particular de su territorio y por la vasta extensión de sus fronteras y zonas marítimas.
Una manera de buscar soluciones a esas debilidades estructurales es, por una parte, reducir la aguda centralización política, administrativa y financiera del país, que ningún gobierno chileno ha podido enmendar con determinación. Y, por la otra, no solo hay que defender sino ocupar nuestro territorio, cosa que es evidente en la Patagonia chilena y al sur del estrecho de Magallanes. La situación más compleja se presenta en Tierra del Fuego, dividida entre un 61% de la Isla Grande para Chile y un 39% para Argentina, pero habitada por unos 200 mil argentinos contra 9 mil chilenos. Nuestros vecinos han mantenido una política coherente de poblamiento y desarrollo territorial (Río Grande y Ushuaia), mientras que nosotros, con grandes estancias y escasa mano de obra (el poblado más grande es Porvenir con 6810 habitantes), no hemos incentivado allí ni las industrias (Ley Navarino expira en enero de 2035) ni la colonización.

