¿Guerra Fría en el Pacífico?

Columna
El Líbero, 29.07.2023
Fernando Schmidt A., embajador (r) y exsubsecretario de RREE

El pasado jueves se cumplieron 70 años desde que se firmó el armisticio de la Guerra de Corea. En Seúl la fecha se conmemoró sobriamente con los países que participaron al alero de Naciones Unidas para responder a la sorpresiva invasión de Corea del Norte sobre el Sur, ayudando a éste a recuperar su libertad y, más adelante, emprender el progreso económico. En el Norte, rompiendo un total aislamiento autoimpuesto desde la pandemia, fueron invitados al multitudinario y pomposo desfile de la noche del jueves, o “Día de la Victoria de la Guerra de Liberación de la Patria Grande”, el miembro del Politburó del Comité Central del Partido Comunista de la República Popular China, Li Hongzhong; y el ministro de Defensa de la Federación de Rusia, Serguéi Kuzhuguétovich Shoigú. Es decir, se dieron cita en la península la celebración civil por la recuperación de la libertad y el provocador despliegue militar.

Aparte de las ceremonias, se especula que, en el marco de estas visitas a Pyongyang, Norcorea estaría buscando ofrecerle a Rusia, con aval chino, su sofisticado arsenal balístico, drones y armas convencionales a cambio de aviones de última generación y, por qué no, “voluntarios” del “extremo oriente ruso” para combatir en la inacabable Guerra de Ucrania. Para el régimen dinástico existiría una justificación política desde que el presidente Yoon de Corea del Sur ofreció armamento a Kiev hace pocos días y, además, participará junto a Estados Unidos y Japón en una Cumbre que tendría lugar en Camp David el próximo 18 de agosto, que pretende consolidar la alianza defensiva en el Noreste asiático. Corea y Japón están limando sus asperezas para facilitar el éxito de la reunión tripartita.

Es decir, las partes enfrentadas indirectamente en la Guerra de Ucrania están progresivamente tomando posiciones geopolíticas en la zona y en el mundo, acercándose a nuestras áreas de interés en el Pacífico ya que, junto a Australia y Nueva Zelanda, Corea y Japón fueron recientemente invitados a dar un paso más en su asociación con la OTAN (la llamada AP4) y crear una organización análoga en la Cuenca.

En 2017 se había reforzado el acuerdo de seguridad que vincula a Japón, India, Australia y Estados Unidos (Quad) para asegurar, entre otros, la libertad de navegación en el Mar del Sur de China. Hace un año, el presidente Biden invitó a Washington a diversos líderes del Pacífico insular, entre los que estuvo el presidente de la Polinesia Francesa, Edouard Fritch, casi vecino nuestro. Era una demostración de la preocupación de Estados Unidos por ganar influencia en este vasto espacio. Una nueva reunión del presidente norteamericano con mandatarios de pequeños países o territorios del Pacífico está planificada para septiembre.

A lo anterior se suman las recientes visitas del secretario de Estado norteamericano, Anthony Blinken, a Papúa Nueva Guinea el 21 y 22 de mayo para reunirse con los líderes del Foro de las Islas del Pacífico; su encuentro del pasado miércoles con el primer ministro de la isla polinésica de Tonga; y las coordinaciones políticas con Nueva Zelanda y Australia este mismo fin de semana. Estas acciones dan cuenta de una política de abierta contención de China en el Pacífico, espacio que se encontraba abandonado por Washington y que fue audazmente usado por Beijing para obtener a fines del año pasado una asociación estratégica con Islas Salomón, país ubicado a las puertas de Australia.

La diplomacia francesa también está colocando sus ojos en la región. El presidente Macron viajó esta semana a Nueva Caledonia, Vanuatu y Papúa Nueva Guinea. Inédito es que haya incluido a los dos últimos países en la gira. El objetivo era apoyar los grandes propósitos geopolíticos occidentales y no dejar a Estados Unidos y a sus socios anglosajones como únicos actores de peso en la nueva geopolítica que se construye en el área.

Paso a paso se están formando en la Cuenca los fundamentos que podrían conducirnos a una nueva Guerra Fría. En paralelo, Moscú muestra un enorme despliegue diplomático en África. Me preocupa que en Chile el ruido interno nos impida seguir todos estos movimientos con la atención que merecen.

A diferencia de la anterior, una nueva Guerra Fría en el amplio Pacífico podría alterar gravemente nuestro comercio exterior que depende de mercados para los que la seguridad de las rutas marítimas es esencial. Además, a lo largo de las últimas décadas Australia y Nueva Zelanda han adquirido para Chile un peso cada vez mayor como países like-minded en lo político, como inversionistas, socios en el CPTPP, interlocutores en temas de seguridad o sociales. En las últimas décadas construimos en el Pacífico un régimen de pesca que una tensión política podría discontinuar. Lo mismo puede decirse de la propia arquitectura antártica.

Tal vez lo peor sea el tema nuclear. A diferencia de entonces los actores con este tipo de tecnología para usos bélicos en la Cuenca y en el mundo se han multiplicado, mientras que en paralelo el sistema multilateral se muestra incapaz de contener este peligroso avance. El año pasado, por ejemplo, Corea del Norte realizó 70 ensayos balísticos de misiles de corta, media y larga distancia y ya no existe voluntad política para contenerlos. La última vez que el Consejo de Seguridad de la ONU pudo condenar estos ensayos fue el 2017. ¿Dónde está la coordinación de los países latinoamericanos ribereños del Pacífico frente a un mundo más inseguro para todos?

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