Blog El Internacionalista del fin del mundo, 04.10.2026 Juan Pablo Glasinovic Vernon, abogado (PUC), exdiplomático y columnista
Los vientos de guerra soplan cada vez más fuerte y cubren mayores áreas del mundo. Actualmente de los 6 continentes, la mitad está sufriendo uno o más conflictos. Hasta ahora solo se exceptúan América (a pesar de que concentra un tercio de los homicidios a nivel mundial en el ámbito criminal), Oceanía y la Antártica, este último continente como sabemos casi despoblado.
En Europa tenemos la guerra en Ucrania desde 2022 que según diversos recuentos lleva 325.000 soldados rusos muertos y 55.000 ucranianos. Si sumamos los heridos, son 900.000 rusos y 400.000 ucranianos. La relación de soldados muertos es casi 6 rusos por cada ucraniano, lo que excede la diferencia poblacional y tiene a Rusia en una creciente dinámica de enrolamiento incluso forzoso que no logra compensar las bajas mensuales. Ante esa profunda sangría y el estancamiento del frente, Putin ha acentuado sus ataques indiscriminados contra la población civil y la infraestructura, con el objeto de doblegar el espíritu de resistencia ucraniano y demostrar que no va a cejar hasta vencer, cualquiera sea el precio (en su lógica no hacerlo implicará su caída).
Al mismo tiempo que se alarga la carnicería en Ucrania, aumentan los actos de guerra híbrida en el resto del continente, con sabotajes a vías férreas, bodegas, fábricas y otras instalaciones e infraestructura que prestan servicio a la causa ucraniana. En la mayoría de los casos no hay autor conocido, aunque las sospechas recaen en los servicios secretos rusos. Estas acciones han ido escalando en audacia y podrían llegar a causal de guerra, con lo cual el conflicto se extendería en la región.
En Asia, los conflictos se concentran en el Medio Oriente, siendo los protagonistas Estados Unidos, Israel e Irán con sus aliados no estatales. Además de la gran destrucción, especialmente en Irán y el Líbano, han muerto muchos civiles. Esta guerra, junto con contradecir la declarada política exterior del presidente Trump al asumir, ha agotado el stock de ciertas armas estadounidenses dejando peligrosamente expuesto a país en caso de la apertura de un nuevo frente. Pero, más allá de los insumos bélicos, esta guerra ha afectado profundamente la economía mundial y es altamente impopular en Estados Unidos. Por último, a pesar de todo su poder, este país no ha logrado ninguno de los objetivos que se planteó al abrir las hostilidades.
Las próximas elecciones en Estados Unidos e Israel debieran impactar en la suerte de esta conflagración. El 3 de noviembre una eventual gran derrota de los republicanos podría empujar el fin de esta costosa aventura, aunque por lo mismo, antes de los comicios es posible que el presidente Trump intente montar un ataque más masivo y obtener de los iraníes una suerte de rendición y así revertir las malas proyecciones electorales. Preocupa en ese sentido la navegación de unidades adicionales de combate hacia el Golfo Pérsico con la eventual presencia en esa zona de 3 portaviones, así como varios miles de marines para operaciones terrestres.
En Israel, el 27 de octubre se renovará la totalidad del parlamento. Las encuestas plantean un escenario extremadamente competitivo en el cual los partidos más pequeños influirán en la coalición resultante. En otras palabras, salvo que se diera un gobierno de unidad nacional bastante improbable por la alta polarización existente, los partidos más grandes dependen de los más pequeños para alcanzar la mayoría de los escaños para gobernar (61).
La radicalización política actual israelí, predominantemente judía (4/5 del electorado es de ese grupo) hace difícil un cambio de rumbo en el corto plazo. Los partidos religiosos ocupan una posición bisagra y el precio de su alianza se ha visto reflejado en una política exterior cada vez más belicosa, así como una sostenida campaña de anexión de territorios palestinos en Cisjordania y de expulsión de sus pobladores, así como de la mantención e incluso endurecimiento de las terribles condiciones de vida en Gaza.
Netanyahu es la expresión de esa realidad y si no pudiera mantenerse en el poder, las dinámicas que alimentó subsistirán en buena medida de la mano de los partidos religiosos y nacionalistas judíos, aunque por supuesto el alcance de ese extremismo dependerá de la posición del gobierno estadounidense, la que será develada post elecciones de mitad de período unos días después de las israelíes.
Otro continente donde la desarticulación del sistema multilateral ha derivado en la proliferación de conflictos es África. Junto con un estado de violencia permanente en buena parte del Sahel donde grupos islamistas controlan parte importante del territorio y regularmente tratan de escalar su dominio, hay guerras civiles con injerencia directa extranjera en Congo, Sudán y Etiopía por mencionar las principales. En todos esos países el tema de los recursos, especialmente minerales críticos, juega un papel clave en la interferencia extranjera. También estos conflictos se han convertido en un lucrativo negocio de venta y ensayo de armas.
Sudán se ha convertido en una de las guerras más internacionalizadas del mundo. Mientras Egipto, Irán, Arabia Saudita, Kenia, Uganda y Chad apoyan a las fuerzas armadas de Sudán, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía y Libia apoyan a las Fuerzas de Acción Rápida (RSF).
En el caso de Etiopía, el segundo país más poblado del continente tras Nigeria, con 140 millones de habitantes y una edad promedio de 19 años, se volvió a activar la guerra civil entre el gobierno federal y varias provincias. El capítulo actual es la continuación de diversos episodios que incluyeron la campaña contra las fuerzas autonómicas de la región de Tigray entre 2020 y 2022. En ese conflicto se sumó Eritrea en apoyo del gobierno federal etíope, muriendo varios centenares de miles de personas, mayoritariamente producto de limpieza étnica y hambruna forzada. Turquía y Emiratos Árabes Unidos también apoyaron al gobierno central.
Tras la victoria gubernamental en Tigray, otras regiones y etnias se han rebelado, como Oromía y Amhara, manteniendo un estado de guerra intermitente en el país.
Hace unos meses, esas regiones se unieron a Tigray y otros grupos insurgentes conformando recientemente lo que se conoce como la Alianza para la Sobrevivencia y que ahora también cuenta con el respaldo de Eritrea contra las fuerzas federales etíopes. La razón de ese reacomodo es la pretensión del gobierno de Etiopía de buscar alguna salida al mar, lo que pasaría por Eritrea. Esto implicó hace unos días la ruptura de relaciones entre Etiopía y Eritrea, lo que alimenta la posibilidad de la extensión del conflicto y convertirlo en una nueva guerra regional. En ese escenario, ambas orillas del Mar Rojo serían una zona de combate, lo que afectará aún más la circulación por el Canal de Suez con los consecuentes efectos en el comercio mundial y sus costos.
Egipto que considera que Etiopía está afectando el curso del Nilo con su Gran Presa del Renacimiento Etíope, está apoyando las tropas insurgentes. También el ejército sudanés como vuelta de mano del apoyo etíope a las RSF. Emiratos Árabes por su parte apoya materialmente al gobierno etíope (así como lo hace con las RSF).
Las guerras civiles africanas se han complejizado y extendido como consecuencia directa de la intervención extranjera. Los conflictos en Sudán y Etiopía amenazan escalar a una conflagración regional sumándose a las guerras en el Medio Oriente, lo que cubrirá una gran superficie geográfica en una zona estratégica desde el punto de vista energético, pero también de ruta marítima.
Lamentablemente no hay ningún interés en contenerlas ni capacidad multilateral para hacerlo, por lo que probablemente seguirá la carnicería y los efectos de toda guerra entre los cuales ronda una gran hambruna que podría incentivar masivos movimientos de población generando desestabilización en un amplio radio y repercutiendo con toda seguridad en Europa.
Desde América Latina vemos todo eso como muy lejano y ajeno, aunque hemos vuelto a una dinámica de rearme, lo que demuestra que en el fondo presentimos que la tormenta también nos puede alcanzar.

