Biden viene no solo a abrazarnos

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Republica, 08.06.2021
Inocencio F. Arias, embajador (r) y columnista español

En casi cinco meses de mandato, el presidente Biden ha mostrado claras diferencias en fondo y forma con la conducta de Trump. Pero sería engañoso concluir que ha dado un giro de 180 grados en todos los aspectos de las relaciones exteriores. No ha alterado ostensiblemente la política hacia Israel en momentos en que Medio Oriente vuelve a ser un barril de pólvora, no ha renunciado al regalo del Sahara que su predecesor hizo a Marruecos contradiciendo la doctrina de la ONU y ha comenzado a rebobinar, como era de esperar, en su política migratoria.

La vicepresidenta Harris ya está en Guatemala gritando: No vengan a Estados Unidos. Serán devueltos a su país. A Europa va a llegar con sonrisas y precedido de frases que suenan bien y que parecen sinceras. El presidente, en un artículo en el Washington Post ha reiterado el firme y renovado compromiso de amistad y de cooperación con sus aliados europeos entre los que nos encontramos. Esta a años luz de la retórica desgarrada de Trump. Por otra parte, ya ha dado pruebas de acercarse a nuestras posiciones, en el cambio climático, en el diálogo con Irán y en otras cosas vitales. Será bien acogido y hasta podrá hablar, no menciono a nadie, con líderes aliados con los que no ha tenido tiempo de coger el teléfono nada menos que en 140 días. Sin embargo, si uno lee a los analistas estadounidenses se dará cuenta de que viene con China en la cabeza. Sus asesores le han repetido hasta la saciedad que el enemigo, el adversario serio que tiene los Estados Unidos es China. No solo económicamente, normalmente el país asiático superará en producto global bruto a Estados Unidos antes de una década, sino estratégicamente. Biden no dirá bravuconadas como Trump (“China debe pagar al mundo 10 billones de dólares por su responsabilidad en la pandemia”) pero cree que en el terreno político Estados Unidos debe dirigir a sus aliados frente a China desde una posición de fuerza.

Rusia, a pesar de que sea incordiante, no es el verdadero adversario para los analistas yanquis, hay que cultivarla porque a Putin y su gente no hay nada que les guste más que la consideración, que el mundo estime que son una gran potencia como en el pasado. No es el caso para muchos.

Sin embargo, el totalitarismo chino lo es y creciendo. Sus desmanes deben ser estudiados y, tal vez, enfrentados. Para eso Washington necesita a los aliados que vacilarán, en los derechos humanos, en los unburdened, en Hongkong, en su expansión en el mar de China... como dice Rafael Behr en The Guardian, Biden viene a reclutar gente para la nueva guerra fría; el problema es que para los europeos China hace cosas inquietantes de vez en cuando, para Estados Unidos es inquietante ya, en casi todo. Per se.

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