Ucrania: nadie gana

Columna
El Periódico, 19.07.2026
Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España

O lo que es lo mismo, todos perdemos. Mientras la atención de España se concentra en la final del Mundial de Fútbol con Argentina, el mundo sigue con preocupación el recrudecimiento de la guerra de Irán, especialmente en el Estrecho de Ormuz, sobre el que a diario llegan noticias contradictorias. Pero no debemos olvidar la que Putin llama “Operación Militar Especial” en Ucrania, que dura ya más que la Primera Guerra Mundial y causa 30.000 bajas mensuales a Rusia, que ya ha enterrado a medio millón de soldados.

Lo que presentó como una operación corta y limpia se ha convertido en una guerra sucia y larga que combina métodos tradicionales, como la guerra de trincheras, con medios ultramodernos, como el empleo masivo de drones y otros robots. Cuando hace falta un misil de varios millones de dólares para interceptar un dron de unos pocos miles, o cuando un dron puede hundir al buque insignia de la escuadra rusa en el Mar Negro, significa que la guerra ha cambiado y que no hay enemigo pequeño: tampoco Israel logra neutralizar los drones que Hezbolá lanza contra el norte del país.

-Ucrania sufre mucho: tiene menos muertos que Rusia gracias a una robotización intensiva, pero ha perdido el 20% del territorio, padece destrucción masiva de infraestructuras y tiene diez millones de refugiados (25% de la población). Y 200.000 desertores. Es un milagro que haya aguantado cinco años frente a Rusia, potencia nuclear. Moscú ya ha incorporado el Donbás a la Federación Rusa, aunque aún le falta conquistar el 30% de su territorio, olvidando el sabio refrán de no vender la piel del oso antes de matarlo. Este año, sus avances han sido mínimos, a pesar de que el 40% del presupuesto esté volcado en esta guerra, ¡8% del PIB! No es de extrañar que, según el Centro Levada de Moscú, el 60% de los ciudadanos piensen que el país no va “en la buena dirección” y que la popularidad de Putin comience a resentirse, por más que controle férreamente los medios de comunicación.

La estrategia de Ucrania se centra en causar a Rusia más bajas de las que puede reemplazar; atacar refinerías, incluidas algunas como Omsk, a 2.500 kms de su frontera; y disminuir los ingresos rusos por venta de petróleo, anulando el beneficio del alza de precios por la guerra en Irán. Ha provocado una crisis energética y que haya escasez y racionamiento: hoy Crimea se ha quedado sin turismo y solo suministra gasolina a vehículos oficiales, y Rusia limita la exportación de gasolina y diésel, que ahora importa de India. Otro objetivo de los drones ucranianos son las cadenas de suministro bélico e industrial. Es una estrategia que le da buenos resultados.

-Rusia ya ha perdido: está aislada, sufre sanciones y ha caído en las garras del dragón chino. Se muestra incapaz de vencer, mientras trata de minar la voluntad de resistencia ucraniana con ataques a las ciudades y a las redes de suministro eléctrico. El gran éxito de Putin es haber sembrado divergencias en la OTAN entre europeos y americanos, mientras sigue mareando la perdiz con Trump, que por fin parece darse cuenta de que no tiene ninguna voluntad de hacer una paz que no pase por la satisfacción de todas sus exigencias. Putin se debate entre los objetivos políticos que pretende y los medios militares que posee para alcanzarlos. Su economía comienza a chirriar seriamente.

Pero la guerra va a continuar porque ninguno cede y los europeos deberemos seguir ayudando a los ucranianos ante los constantes cambios de humor de Trump. Es imperativo darle a Kiev medios antiaéreos para frenar los misiles rusos que se ceban en las áreas urbanas. Los americanos no pueden suministrarles Patriot porque los necesitan en Irán, pero pueden autorizarles a fabricarlos, aprovechando que Ucrania posee la industria bélica más potente de Europa. También nosotros podemos darles el sistema Freya. Y, previsiblemente, Moscú responderá aumentando sus ciberataques contra los paises de la UE, los sabotajes, los ataques a infraestructuras críticas, los asesinatos selectivos o, incluso, ir un paso más allá y probar si realmente funciona la cobertura automática del artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, en caso de ataque a uno de sus miembros, algo que los nórdicos y bálticos consideran probable que ocurra más pronto que tarde. Hay que tener cuidado con Putin cuando las cosas no van como a él le gustan. Y ahora no van.

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