La sorpresa de Brasil

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El Internacionalista del Fin del Mundo, 31.10.2026
Juan Pablo Glasinovic Vernon, abogado (PUC), exdiplomático y columnista

En esta oportunidad me referiré a la segunda vuelta de los comicios generales en Brasil, abordando sus causas y posibles consecuencias, considerando que este país impacta en forma relevante en el sistema internacional y particularmente en nuestra región.

Brasil está dentro de los 10 países más ricos del mundo por PIB nominal, es el séptimo en población y el quinto de mayor superficie. Ocupa la mitad de Sudamérica, con fronteras con todos sus países con excepción de Chile y Ecuador. También representa la mitad de la población del subcontinente.

El 4 de octubre tuvo lugar la elección general que incluía el cargo presidencial, la mitad del Senado, la totalidad de la Cámara de Diputados, todos los gobernadores (26 + distrito federal) y los parlamentos estaduales. Los resultados fueron macizos para la oposición al gobierno de Lula, y especialmente favorables para el retador Flavio Bolsonaro y su Partido Liberal.

El senador y candidato Bolsonaro llegó al 47,01% de los votos frente al 45,16% de Lula, con una ventaja de más de 2 millones de sufragios y además la victoria en el crucial estado de Minas Gerais. Desde el retorno a la democracia en Brasil, la tónica fue que en el balotaje el ganador de la primera vuelta y, además con un triunfo en Minas Gerais, se consagraba como presidente en la segunda ronda.

Pero el triunfo bolsonarista no fue solo en la postulación presidencial rasguñando la mayoría absoluta en la primera vuelta, también avanzó decisivamente en el parlamento constituyéndose en el primer partido en ambas cámaras. En el Senado el Partido Liberal cuenta con 28 escaños de 81, superando ampliamente al resto (el PT tiene 8). Con sus aliados llega a 43, lo que le da la facultad de incidir decisivamente en nominaciones como los próximos integrantes del Supremo Tribunal Federal que debe renovar 4 de sus 11 ministros en los próximos 4 años (estos se designan por mayoría absoluta en el Senado). También está muy cerca del quórum de dos tercios o 54 votos para dar lugar al impeachment del presidente y de los ministros del Supremo Tribunal Federal.

En la Cámara de Diputados, el Partido Liberal nuevamente lidera ampliamente con 121 escaños y con sus aliados controla alrededor de 224 de un total de 513.

En síntesis, el bolsonarismo proyectaba un triunfo en segunda vuelta con el control del Senado y una poderosa mayoría relativa en la cámara, lo que le permitiría implementar grandes cambios a todo nivel, incluyendo la configuración del Supremo Tribunal Federal, todo ello en un contexto muy similar al de la victoria de Donald Trump hace 2 años.

Para cerrar este cuadro, a nivel de las gobernaciones, el bolsonarismo y sus aliados se quedaron con 15 estados de los 27, lo que les da un amplio control territorial, incluyendo a los principales estados de la federación.

Este gran triunfo se sustenta en el hastío de la mayoría de la población con el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), que ha copado casi todo el siglo XXI con la excepción de Jair Bolsonaro.

En función de todo lo reseñado, era muy difícil que Lula pudiera triunfar en la segunda vuelta, pero como sabemos, ello ocurrió, constituyéndose en un hito en materia electoral, que dará lugar a estudios y referencias para las campañas del futuro, no solamente en Brasil. La sorpresiva victoria de Lula el 25 de octubre pasasdo se explica por una combinación de factores sociales, políticos, emocionales y estratégicos.

Respecto de lo primero, el gobierno apostó a medidas populistas con el objeto de asegurar el voto de los sectores más modestos y de la clase media baja. En esa línea, Lula anunció aumentos de la Bolsa Família, beneficios para microempresarios y cambios laborales (jornada de 40 horas sin reducción salarial). También propuso transporte colectivo gratuito los fines de semana y feriados.

Estas medidas fueron fundamentales para movilizar una parte del electorado, especialmente trabajadores y sectores que se habían alejado del PT. Los ciudadanos de menores ingresos votaron masivamente por Lula no solamente por estos beneficios adicionales, sino también por el temor que el gobierno de Bolsonaro los redujera.

En el terreno digital y la movilización en redes, el PT logró revertir la ventaja bolsonarista con un cambio radical de estrategia partiendo por el propio Lula que en primera vuelta prácticamente no acudió a estos medios. La campaña digital se volvió masiva y espontánea, con cerca de 10 millones de personas que participaron en estructuras de militancia digital. Esto permitió llegar a indecisos y a quienes dudaban de votar.

Otro factor que pesó en el resultado y que fue hábilmente explotado por el PT fue el recuerdo del intento de golpe de Estado de 2022 y los ataques del 8 de enero de 2023 contra los tres poderes en Brasilia. La campaña de Lula convirtió ese temor en un motor de movilización, alertando sobre riesgos democráticos si volvía el bolsonarismo.

El miedo a la excesiva concentración de poder del bolsonarismo plasmada en la primera vuelta, y la real posibilidad de iniciar grandes cambios que marcarían un nuevo derrotero institucional para Brasil, asociado a la memoria reciente, fueron fundamentales en el voto.

Hubo mucha gente en la calle, especialmente estudiantes y universitarios, lo que acompañó la recuperación electoral de Lula. La participación aumentó y redujo la abstención, favoreciendo al PT. Lula pasó de 60,3 millones de votos en 2022 a 64,2 millones en 2026, ampliando su margen de victoria a 51,79% frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro. La diferencia fue de 4,43 millones de votos.

En este caso y, como reza el dicho, respecto del bolsonarismo, “el pan se quemó en la puerta del horno”, dejando en evidencia que corren tiempos más inciertos e impredecibles.

Pero ¿qué significa para Brasil, la región y el mundo la victoria de Lula? En lo político, es una inyección de energía para la izquierda, tras una ola de derrotas electorales en la región, especialmente por lo épico del triunfo.

A nivel estratégico regional y mundial, quedó sin efecto lo que parecía un inminente alineamiento entre Estados Unidos y Brasil lo que en lo inmediato probablemente se iba a hacer sentir en la política exterior brasileña, con un menor protagonismo mundial, incluyendo la posible salida de los BRICS. En Sudamérica y particularmente respecto de Venezuela, Brasil podría haber mutado a una posición más acomodaticia al control estadounidense. También era posible esperar una activa concurrencia en materia de seguridad a las iniciativas estadounidenses, uniéndose por ejemplo al Escudo de las Américas y la militarización de la lucha contra el crimen organizado.

La renovación de Lula, aunque muy debilitado en lo interno, en política exterior mantiene un margen de maniobra frente a la doctrina Donroe y mitiga la ofensiva de la administración Trump por imponer sus intereses y prioridades hemisféricas. Con este resultado, México, Canadá y Brasil fungen como cierto contrapeso a Estados Unidos. Lo que no está articulado podría dar espacio a una mayor cooperación entre los tres, lo que a su vez beneficiaría al resto en el sentido de preservar ciertos espacios de autonomía.

Para la región en general, desde la óptica del viejo sistema de pesos y contrapesos, es bueno que el poder esté diversificado.

Aunque fue un gran triunfo, Lula y el PT no deben equivocarse: hay una voluntad de cambio en la mayoría de la sociedad brasileña y es imperativo que se hagan cargo de ese anhelo.

Por lo pronto, la población quiere mejoras económicas reales, con más empleo, menos inflación en avances en productividad. En esto el PT no es visto como un actor idóneo, de ahí el masivo voto por la derecha.

Lo anterior está directamente relacionado con reducir la pobreza que debe combinar un fuerte crecimiento económico con programas sociales que no redunden en un desorden fiscal. Actualmente el nivel de gasto social es insostenible y el gobierno de Lula tendrá que reordenar las finanzas, lo que en el corto plazo va a contradecir sus promesas de campaña. Pero, aunque no quiera hacerlo, la oposición lo obligará en el congreso.

Otro gran reto es la seguridad pública, con una lucha efectiva contra crimen organizado. Lula no ha aquilatado como corresponde esta grave preocupación mayoritaria y deberá tomar cartas en el asunto con urgencia.

En suma, Lula deberá hacerse cargo de temas que fueron banderas de la derecha, con una minoría parlamentaria. Sus resultados dependerán de los puentes que tienda y por supuesto de la actitud del bolsonarismo.

Un factor que podría favorecer los acuerdos es que Lula ya no puede reelegirse.

Una interrogante es cuál será el ánimo del Partido Liberal para lo que viene. ¿Obstrucción o colaboración selectiva?

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