Boric y el PP

Columna
El Líbero, 22.07.2023
Fernando Schmidt A., embajador (r) y exsubsecretario de RREE

Confiado tal vez en su condición de estrella o en el peso específico de Brasil en la región, en el mundo, entre los BRICS y en la izquierda regional, Lula se permitió ningunearnos. Según un libro escrito por periodistas de Folha en 2006, también entonces nos insultó desde su perspectiva imperial. Parece que le molesta que el presidente Boric sea portavoz de una política exterior de Estado que condena sin reservas al agresor de Ucrania, le fastidia que nos apeguemos al derecho internacional y no relativicemos el uso de la fuerza a pretexto de títulos históricos, reales o ficticios. ¿Se imagina usted que en nuestra región se use este argumento para reconstituir imperios andinos o mesoamericanos fenecidos?

Hasta aquí mi desvío del tema principal porque lo que ha pasado no es más que un molesto incidente. No debe tener mayores repercusiones.

Las elecciones españolas de mañana domingo son, sin embargo, mucho más trascendentales para Chile. En el campo político, con ese país compartimos un mismo esquema de valores sobre la centralidad de la libertad, el Estado de Derecho o la protección de los Derechos Humanos; tenemos un amplio abanico de coincidencias programáticas; ha sido un referente para distintos partidos nuestros; un puntal en las relaciones de Chile con el resto de la UE. España es la fuente de casi US$ 17 mil millones de inversión extranjera en Chile; el país con el que comerciamos US$ 3,44 mil millones. Con la península compartimos creatividad cultural y desde allí se internacionalizan nuestras mejores producciones. Históricamente, nada de lo que pasa en España nos es indiferente.

Por eso mismo, llama la atención que en su reciente y fugaz paso por Madrid el presidente de la República no se haya reunido con figura alguna del Partido Popular, que es el que tiene las mejores expectativas para formar gobierno a partir del lunes. Ignoro si se intentó ese contacto, pero se habría hecho notar. Lo que sí causó conmoción, opacando su paso por España, fue el agradecimiento público a Baltasar Garzón en el mitin político realizado en Casa de América. Le entregamos una medallita a un exmagistrado prevaricador, que nos apuñaló en la causa marítima de Bolivia y que se permitió denigrar nuestro sistema judicial.

Pero volvamos a lo principal: todas las últimas encuestas dan como ganador al PP en rangos que oscilan entre el 33,6% (El País y Cadena SER) y el 37,2% (Vocento). Los datos para el PSOE varían entre el 27% (Data10) y el 28,7% (El País y Cadena SER). Es decir, dado que es improbable una mayoría absoluta de 176 escaños en el Congreso de los Diputados para las fuerzas políticas principales, pasado mañana deberían comenzar los diálogos para llegar a La Moncloa.

En el caso del PP, que considera un triunfo obtener 150 escaños, lo probable es que entre en negociaciones con Vox y fuerzas regionales menores, o incluso con el propio PSOE para que no le impidan formar un gobierno de minoría. Es menos probable, no imposible, que la reciente “remontada” en popularidad del PSOE y su socio minoritario les permitan formar gobierno con fuerzas nacionalistas de diverso tipo. El rango de posibilidades para ambas alternativas es hoy día de un 70% contra un 30%.

La política hacia Chile de un eventual gobierno de Alberto Núñez Feijóo debería tener muchos más elementos de continuidad que de cambio. Desde luego, define como política de Estado las relaciones exteriores de España en las que cabrá una “interlocución fluida y permanente con quien lidere la oposición”. Además, reitera sin tapujos el compromiso para apoyar los intereses de Chile en el ámbito europeo, algo relevante cuando debe ratificarse en los próximos meses el Acuerdo Marco Avanzado entre Chile y la UE. En cuanto a nuestra región, debería haber una consulta permanente con algunos países, entre los cuales estaríamos, para contrarrestar las ofensivas populistas, o el debilitamiento de la democracia, o el mayor protagonismo de Rusia en ella.

El cambio más significativo se observa en el papel protagónico de una construcción política potente con América Latina a través de las Cumbres Iberoamericanas y la SEGIB, cuyo secretario general es el ex canciller Andrés Allamand. Llaman al mundo empresarial español, a la sociedad civil, a las universidades y centros de estudio a participar en esta construcción. En el ámbito de la cooperación, propician más eficacia y transparencia en la entrega de recursos, así como una priorización geográfica. En el campo de la defensa, se observa la apuesta por un reforzamiento de las capacidades españolas lo que denota preocupación por el deterioro de la seguridad mundial. Igualmente, quieren proteger el orden internacional que nos rige, y habrá poco o nulo apoyo a la idea de Lula o Fernández de crear un orden alternativo.

Es posible que estos puntos pongan en tensión una vez más las dos almas de la coalición gobernante en Chile, las que se verían mucho más exacerbadas en caso de que un compromiso de gobierno del PP con Vox se traslade a la política exterior. El programa de este último partido es mucho más ideológico. Sin tapujos arremete contra los Foros de Puebla y São Paulo; propicia una alianza de defensa de la libertad contra el avance comunista en nuestra región; favorece relaciones diplomáticas condicionadas al respeto al Estado de Derecho, la libre empresa o los derechos humanos; se compromete al combate de la leyenda negra de la colonización española en América, etc.

Es poco comprensible, por lo mismo, que no haya existido contactos con el PP. Más pronto que tarde tendremos que mirar hacia ellos si queremos mantener firme, como lo mostramos en el incidente con Lula, una política de Estado seria, meditada, responsable y de largo plazo, en la que quepan todas o casi todas las sensibilidades políticas chilenas.

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